
Caminante… sí hay camino

El desequilibrio energético, origen de enfermedades, requiere una reorganización. La oración, la fe y la conexión espiritual son claves para la sanación y para abrirse a la energía divina.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid El desequilibrio de energía o enfermedad, nace por infinidad de razones: externas, internas, heredadas, accidentales, etc. Paralelo a las ayudas médicas y psicológicas, su depuración requiere de un formateo o reorganización energética, para poder restaurar un proceso mal instalado. Pedimos en la oración ser sanados. En otras palabras esperamos que la energía Maestra Espiritual de aquel que todo lo puede, fluya.- si la dejamos fluir-, para entregar ayuda. Tengamos la certeza de que hemos sido escuchados y evitemos poner condiciones humanas, que solo bloquean. Nuestro aporte es interior: confianza y agradeciendo constantes desde el corazón. Mientras humanamente promovemos circunstancias físico mentales, que den paso al proceso sanador. Cuidados inherentes a lo humano: comidas equilibradas, disciplina, aprendizaje de autorregulación de emociones fuertes, desestabilizantes. Cuando oran muchas personas al mismo tiempo con un objetivo común, con convicción y fe, se está creando una gran fuerza, y todas esas fuerzas juntas atraen: LA RESPUESTA. No basta con decir creer en el mundo espiritual. Se requiere aceptación verdadera de ese plano impalpable. La existencia física gira alrededor de un cuerpo, unos pensamientos y unas emociones frágiles. Pero tiene alma, que es una fuente energía perfecta, indestructible. Todos estamos conectados a esa Fuente. Ese halo de vida no cesa de estar en un movimiento rítmico y autónomo, entra y sale en forma de respiración; cuando esta cesa, se acaba la vida terrenal. Ese mecanismo que parece tan sencillo y obvio, manifiesta de manera certera que “La Fuente está presente”. La mente que acepta con humildad esa ‘presencia viva’, evita ser obstáculo, y se une a ese fluir divino que es la Esencia Única, con humildad. Esa esencia manifiesta todo lo bueno, es el Creador mismo presente en forma de energía. Él está, aceptémoslo o no. Solo solicitando su intervención se deja sentir, y actúa, si se lo permitimos. No tiene horarios, ni límites. Esas barreras las ponemos nosotros ya sea por la duda, la impaciencia o por ignorancia. Toda oración, reflexión o meditación, cargada de una intención profunda y bondadosa, es escuchada. Evitemos la oración cargada de reclamos y enojo con el Creador. No es una relación con un igual. La Divina Unidad está por encima de su obra, y debemos dirigirnos a él con profundo respeto. Aprender a mirar la vida con los lentes del amor es un buen consejo para los caminantes que quieren hacer camino por esta difícil senda de la existencia.