Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Caja de pandoras

Ángel Andrés Torres Hernández
Ángel Andrés Torres Hernández
Columnista
24 de marzo de 2024

La convocatoria a una Asamblea Constituyente, tras el rechazo a la reforma de salud, es una reacción amenazante. El autor critica la actual Constitución y advierte sobre los riesgos de una nueva.

Por Ángel Torres Hernández El llamado a una Asamblea Nacional Constituyente por parte de nuestro presidente, luego del anuncio de los congresistas de la comisión séptima del Senado de colocar una lápida al proyecto de reforma a la salud, no es más que una reacción soberbia, amenazante e irresponsable, que abre la posibilidad de empeorar las condiciones de una carta magna bastante mancillada. En mi paso por el claustro del derecho, nos pintaron una constitución llena de bondades, que resolvería todos los problemas de la nación, no obstante, la evidencia mostraba todo lo contrario, por tal razón, tomé la tarea de investigar llegando a la triste realidad, nuestra constitución es un papel utópico en donde solo se salvan algunas instituciones como la acción de tutela, inclusive bastante prostituida hoy en día. En el documento constitucional de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se tenía derecho a todo, algo muy similar encontramos en la carta cargada de derechos sociales establecida en Colombia desde 1991, incluso con la presencia de ciencia ficción, como el derecho fundamental de los niños a que el Estado les garantice el amor, como si este sentimiento obedeciera mandatos jurídicos. Recordemos que nuestra carta se construyó coyunturalmente con la entrega del grupo guerrillero M19, que pasó a formar parte y mayoría en su aprobación y que impregnó su ideal social en los derechos redactados. Es decir, hoy tenemos una carta de corte progresista. De acuerdo con el gobierno, se pretende: garantizar la salud, agua potable y educación; redistribuir la inversión pública hacia los territorios más vulnerables; y establecer un sistema judicial basado en la verdad y en la reconciliación. Tres aspectos que hoy ya existen en la constitución y que no son garantizadas con papel, lo que debe intentarse es la ejecución más no la retórica. Ahora bien, supuestamente no se busca: la reelección presidencial; evitar que las reformas a la salud y las pensiones se hundan; y cambiar la constitución. Argumentos absurdos, primero, porque el anuncio nació como amenaza al posible naufragio de la reforma a la salud; segundo porque las asambleas constituyentes se conforman con el propósito de cambiar la carta magna; y, por último, una vez abras la puerta para cambiar la constitución sí o sí debes abordar la reelección presidencial. La constitución progresista ya fracasó en Colombia, como siempre ocurre con este tipo de normas y si el deseo es cambiarla, no deberá ser por una más progre, como lo anuncia la motivación del gobierno del cambio, pues lo malo no se cambia por algo peor. La propuesta debe ser por una carta robusta, que inspire la libertad y la búsqueda particular del bienestar, como la fundada por los proceres norteamericanos, una que permita al hombre desarrollar su potencial individual quitándole la dependencia esclavizante del Estado, una norma superior que reduzca impuestos, achique el Estado y libere el comercio para potencializar la innovación. No obstante, en estos tiempos de polarización y politización, con un mandatario en campaña abierta en plaza pública, una chequera considerable y propuestas de renovación innecesarias, es inaceptable y peligroso, es más, sería abrir la caja de Pandora.