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Opinión

Buena

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
26 de abril de 2025

Una infancia marcada por expectativas y perfeccionismo puede llevar a la ansiedad. El texto explora cómo la búsqueda constante de la perfección impacta en la salud mental y la autenticidad.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Fuiste hija de padres responsables y amorosos. Esos que leyeron que había que motivar a los hijos y apoyarlos para que crecieran sintiéndose capaces, fuertes y felices. Veían tus potencialidades en todo y te metieron en clases de deportes, ballet, y matemáticas. Te decían todo el tiempo lo inteligente que eras, se sorprendían genuinamente con cada dibujo, cada examen, cada presentación de baile del colegio los emocionaba hasta las lágrimas. Te fuiste convenciendo de que solo lo perfecto era lo aceptable. Lo mediocre no tenía ningún lugar en tu vida. No necesitaban exigirte las notas más altas, ni los primeros puestos, era una meta autoimpuesta que cumplías cada vez con un costo más alto de angustia. Aprendiste a escanear más tus errores que tus aciertos, a identificar siempre las posibilidades de mejora. El inconformismo empezó a hacer parte de tu vida y con ello la sensación de insuficiencia apareció, la comparación con los demás, el no entender qué era lo que veían en ti y por qué eras supuestamente admirada si a tus ojos estabas en deuda permanente. Ser adecuada y buena en todo momento se convirtió en tu faro. Con intención casi que obsesiva aprendiste a responder a las necesidades, expectativas y exigencias de los demás con tal de sentirte en calma. Pero la sensación de vacío y de estar incompleta iba creciendo dentro. La vida se te fue convirtiendo en una sucesión de tareas y el gozo desapareció, todo era un trámite, algo que simplemente debe ser así. Las cosas pequeñas de la vida, esas que dan sentido, desaparecieron de tu vista, solo había ojos para lo extraordinario y te dedicaste a esperar un gran momento, ese lugar donde por fin lograrías que todo fuera lo suficientemente bueno para poder descansar. Escondiste tus miedos y tus inseguridades, esas que sobre pensabas en el día y con las cuales tenias pesadillas en las noches. La constante evaluación de ti misma, implacable y rígida, te mostraban tanto tus fallas que tomar decisiones se convirtió en una tarea casi que imposible. Desde qué comer, qué ropa ponerte, hasta cómo presentar un trabajo o qué decir en la reunión, todo era visto como algo delicado porque con ello te estabas jugando el reconocimiento de los demás y por ende tu propio valor. ¿Cómo pasé de ser esa niña brillante y feliz a esta mujer ansiosa que toma medicamentos para la ansiedad y para poder dormir? Me dijiste mirándome con los ojos llenos de culpa. Nuestro proceso empezaba ese día con el único objetivo de dejar de buscar ser buena para empezar a sentirte completa y auténtica, una mujer imperfecta, llena de contrastes. Empezaba el camino para empezar a ser realmente tú.