
Bienvenido Diciembre

En diciembre, mes de esperanza y reconciliación, recordamos la figura de Jesús. Un procónsul romano describió su impactante presencia y doctrina, según una antigua carta.
Por Aníbal Paternina Padilla Iniciamos el último mes del año 2024 con mucha fe y esperanza en la reconciliación de los hijos de esta nuestra amada patria Colombia. Este es el mes en el cual, con respeto, amor y alegría celebramos el nacimiento del Redentor del mundo. El Ser Supremo que dijo a sus discípulos, “mi paz os dejo, mi paz os doy”. Por este motivo, la paz es Santa, y es la que con mayor ahínco anhelamos en este bello diciembre del Niño Dios. Diciembre además de alegría, debe ser mes de reflexión, por ello invocamos la mejor versión sobre la descripción de Jesús hecha por Publio Lentulo, procónsul de Judea y antecesor de Poncio Pilato, en carta enviada al emperador Tiberio, reseñándo la figura del Redentor. Te envío majestad la respuesta que con tanta ansiedad esperabas. Últimamente ha hecho su aparición un hombre dotado de extraordinario poder que llaman el Gran Profeta; sus discípulos lo apellidan Hijo de Dios y su verdadero nombre es Jesús. A diario se cuentan de él raros prodigios, resucita a los muertos, cura todas las enfermedades y tiene asombrada a Jerusalén con su extraordinaria doctrina. Es de aspecto majestuoso, de resplandeciente fisionomía llena de suavidad, a la vez severo y dulce, inspira respeto y amor a quien lo ve. Su cabello es del color del vino y desciende ondulado sobre la espalda donde se parte en dos al estilo Nazareno. Su frente es pura y altiva, tiene el cutis sonrosado y límpido; su boca y su nariz son perfectas, su barba abundante y del mismo color de los cabellos; sus ojos son azules, plácidos y brillantes sus manos finas y largas sus brazos de una gracia encantadora. Es semejante a su madre, que es la más bella figura que se haya visto en estos contornos. En sus dichos y sentencias es grave y preciso; es la expresión más pura de la virtud y de una sabiduría que supera con mucho a los más grandes genios; cuando reprende y condena es terrible, pero cuando instruye y explica la palabra es dulce y amable. Nadie lo ha visto reír, pero muchos lo han visto llorar; camina con los pies descalzos y lleva la cabeza descubierta. Viendo la distancia hay quien lo desprecie, pero estando en su presencia no hay quien no se estremezca con hondo respeto. Cuánto se acercan a él dice haber recibido enormes beneficios, pero hay quienes lo acusan de ser un peligro para el César porque afirma que reyes y esclavos son todos iguales ante Dios. Mándame sobre el particular lo que quieras y serás prontamente obedecido, vale, Publio Lentulo.