
Asfixia

¿Por qué un rol tiene que ahogar a otro rol? ¿Acaso no puedo estar completa? ¿Entonces para vivir y funcionar en el mundo tengo que sacrificarme a mí misma en el proceso?
Por Olga Leonor Hernández Bustamante ¿Por qué un rol tiene que ahogar a otro rol? ¿Acaso no puedo estar completa? ¿Entonces para vivir y funcionar en el mundo tengo que sacrificarme a mí misma en el proceso? Ella, en consulta me miraba con los ojos llenos de lágrimas mientras repetía esas preguntas, con pequeñas variaciones, una y otra vez. Se enfrentaba a la dureza del incesante e interminable rol de mamá, que exigía de ella atención plena todo el tiempo y en el cual se sentía atrapada, como un pez en una red, a pesar de saber que lo hacía bien y de estar cómoda allí. Sabía ser mamá, sabía cuidar de la casa, de los hijos y hasta del esposo. Sabía qué comprar en el supermercado para garantizar el ahorro y manejar mejor el presupuesto. Podía armar un menú con lo que fuera que tuviera en la despensa. Podía improvisar una fiesta de cumpleaños para su hijo, con poco presupuesto, y que todos los invitados se sintieran felices. Sabía cómo comía el huevo su hija y en qué momento del día ofrecerle café a su esposo. Podía resolver esas pequeñas crisis caseras, llamando en cuestión de minutos, al plomero, electricista o al que fuera necesario para mantener las cosas en orden. También era muy buena en su trabajo. Una profesional brillante e inteligente a las que las demás personas disfrutaban tener como colega. Era organizada, paciente, planeaba y ejecutaba las acciones necesarias para que todo saliera, amable con quienes recibían sus servicios, en fin, sabía lo que hacia y lo hacía bien. Era también buena hija. Atenta a las necesidades de sus padres. Paciente frente a sus modos de ser y de comprender el mundo. Certera en sus apreciaciones y respuestas. Amorosa y empática con sus necesidades. Tenía la capacidad de hacerlos sentir que nada era un esfuerzo, que todo lo que hacía por ellos le era leve. ¿Y esposa? Pues sentía que cuidaba y hacia sentir importante y amado a su esposo. Conocía, porque lo escuchaba, lo que pasaba en su vida y con sus cosas. tenía en cuenta sus gustos y había visto, sin entender mucho, las películas que le gustaba a él ver en el cine, solo por acompañarlo, aunque al minuto olvidara la trama completa. En fin, recorrimos uno a uno sus roles y adivinábamos en cada uno de ellos la exigencia de perfección que se había impuesto. Y si todo lo que hago, lo hago bien _ me decía_ ¿Por qué me siento tan vacía? ¿Por qué esta sensación de angustia todo el tiempo? ¿Por qué esta sensación de asfixia, de ahogamiento? Las preguntas entonces empezaron a ser las siguientes ¿Qué es lo que se está ahogando? ¿Qué porción de mi no he atendido? ¿Qué parte de mí debo también observar y cuidar para poder sentirme completa? En todo caso, la incompletud estaba siendo asfixiante, incluso mucho más que todos los roles que cumplía.