
Áreas protegidas de Sucre: turismo con infraestructura y desarrollo

Hace dos semanas estuve en Santa Marta y visité el Parque Tayrona. Más allá de sus playas, lo que realmente me impresionó fue la infraestructura que rodea al parque: hoteles, hostales, restaurantes y servicios turísticos que funcionan en armonía con la naturaleza...
Por Manuel Andrés Cadrazco Hace dos semanas estuve en Santa Marta y visité el Parque Tayrona. Más allá de sus playas, lo que realmente me impresionó fue la infraestructura que rodea al parque: hoteles, hostales, restaurantes y servicios turísticos que funcionan en armonía con la naturaleza. Allí se nota un compromiso institucional que convierte el potencial natural en desarrollo económico y social. Esa experiencia me llevó a reflexionar sobre lo que podríamos hacer en el Departamento de Sucre con nuestros propios tesoros ambientales. Sucre cuenta con áreas protegidas de enorme valor, como el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo, y el Santuario de Fauna y Flora El Corchal “El Mono Hernández”. Estos espacios son auténticos laboratorios de biodiversidad y paisajes únicos que, sin embargo, aún no han sido aprovechados en su justa medida para generar un turismo sostenible. La clave está en diseñar una estrategia que combine inversión privada con acompañamiento institucional. No se trata de llenar las playas de cemento ni de sacrificar la riqueza natural, sino de crear condiciones para que el visitante encuentre servicios de calidad sin alterar el equilibrio ambiental. Hoteles ecológicos, rutas de buceo y snorkel, centros de interpretación de fauna y flora, y transporte marítimo seguro son ejemplos de infraestructura que podrían dinamizar la economía local. Todo ello acompañado de capacitación comunitaria, para que los emprendedores locales sean protagonistas y beneficiarios directos de este desarrollo. Pero el potencial no se limita a la zona costera. En la subregión del San Jorge y La Mojana, los humedales y ciénagas ofrecen escenarios ideales para el avistamiento de aves y el ecoturismo. En los Montes de María, los paisajes de bosque seco tropical y las rutas culturales podrían integrarse en circuitos de turismo comunitario. Incluso las playas de Tolú y Coveñas, ya conocidas por su atractivo popular, pueden elevar su oferta con estándares de sostenibilidad y servicios de mayor calidad. Cada subregión tiene un tesoro natural que, bien articulado, puede convertirse en motor de desarrollo. El turismo bien gestionado diversifica la economía, fortalece la identidad cultural y promueve la conservación. Cuando la comunidad entiende que proteger el coral, el manglar o la ciénaga significa atraer visitantes y generar empleo, la sostenibilidad deja de ser un discurso y se convierte en práctica sostenida. Sucre tiene la posibilidad de escribir su propia historia. Nuestros corales, manglares, humedales y bosques esperan convertirse en escenarios de turismo responsable y generador de empleo.