Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

¿Amor o costumbre? Cómo saber si tu matrimonio está vivo o solo sobreviviendo

Tatiana Valeta Lambraño
Tatiana Valeta Lambraño
Columnista
10 de abril de 2026

Mira, quiero que por un momento te imagines que estamos sentados conversando, tú y yo, hablando sin máscaras. Y te hago una pregunta sencilla, pero honesta: ¿tú sientes que en tu matrimonio todavía hay amor o ya lo que hay es costumbre?

Mira, quiero que por un momento te imagines que estamos sentados conversando, tú y yo, hablando sin máscaras. Y te hago una pregunta sencilla, pero honesta: ¿tú sientes que en tu matrimonio todavía hay amor o ya lo que hay es costumbre? Porque sí, hay muchas relaciones que siguen, pero no están vivas. Siguen porque comparten casa, responsabilidades, hijos… pero no porque haya conexión. Y esto no pasa de un día para otro. Pasa despacito: empiezan a hablar menos, a reír menos, a buscarse menos. Ya no se preguntan cómo están; y, si lo hacen, es por rutina, no por interés real. Entonces alguien me dice: “No, nosotros estamos bien, no peleamos”. Pero cuando profundizamos un poquito más, sale la verdad: “es que ya casi no hablamos”, “cada uno está en lo suyo”, “convivimos, pero no conectamos”. Es ahí donde yo les digo, con mucho amor: tengan cuidado. Porque cuando una relación deja de doler, no siempre es porque sanó; a veces es porque se acostumbraron a la distancia, a la frialdad, a la falta de detalles, a vivir sin sentirse elegidos. Y eso es peligroso. Empiezan a normalizar lo que no es sano. Y más cuando, en el fondo, ustedes saben cómo debería ser. Han escuchado la Palabra, saben lo que Dios habla sobre el amor, el respeto y la unión, pero poco a poco van mirando hacia otro lado. No porque sean malas personas, sino porque es más fácil no confrontar. Porque confrontar incomoda. Cambiar cuesta, pero ignorar desgasta. Un matrimonio vivo no es perfecto, pero es intencional. Se nota cuando hay interés, cuando hay cuidado, cuando hay disposición de decir: “esto no está bien, vamos a trabajarlo”. En cambio, un matrimonio que solo sobrevive, por fuera funciona, pero por dentro está vacío. Y quedarse ahí también tiene un costo: el costo de tu paz, de tu alegría, de tu manera de amar. La Biblia dice en Efesios 4:2-3: “Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor. Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.” Mira esto: “hagan todo lo posible”. No dice: “si se da”, “si fluye”, “si el otro cambia”. Dice: hagan todo lo posible. Porque amar no es solo quedarse; es cuidar, es trabajar, es decidir hacerlo mejor cada día. Mantenerse unidos no es automático, es una decisión diaria. Entonces hoy te vuelvo a preguntar, con todo el amor: ¿tu matrimonio está vivo o solo te estás acostumbrando a él? Y si en el fondo sabes la respuesta, no la ignores. Porque el amor sí se puede recuperar, pero solo cuando decides enfrentarlo con verdad, asumir tu responsabilidad y hacer lo necesario para reconstruirlo.