
Amor inmarcesible

Mayo, mes de vida y esperanza, honra a la Virgen María y a las madres. Un mes de flores, praderas y homenajes, con el Día de la Madre como celebración mundial.
Por Samuel Morales Turizo Después de abril, viene mayo, el quinto mes del año. En Maius, el mes de mayo se llamó así en honor de Maia, suprema diosa de la vida en la religión Itálica. En el mes de mayo la Virgen María y nuestras madres son las protagonistas y los símbolos de la vida y la esperanza. Mayo es el mes de Juan Pablo II, de María Kodama, es el mes del Ave María del compositor austriaco Franz Schubert al abrir la ventana de su casa un reflejo del sol lo iluminó y vio la presencia de la Virgen María, allí nació esta composición. Mayo es en Colombia, como en otras regiones del mundo, el mes de las verdeantes pasturas y de las copiosas praderas, es el mes de las flores, de las irisadas campiñas. Mayo aspira y difunde el aroma esencial de un mundo solar. El escritor francés Honoré de Balzac, nació en mayo, pregunta en su novela el Lirio del Valle: "¿Habéis aspirado en las praderas, cuando mayo llega, ese perfume que comunica a todos los seres la embriaguez de la fecundación?" El día universal de las madres, es el segundo domingo del mes de mayo, fiesta familiar de gran trascendencia en el mundo entero. Nuestra madre física, que es la mujer que con tanta abnegación, nos ha engendrado, desarrollado, parido, amamantado, cuidado, mecido y besado. Lo más sublime que nos da es su amor inmarcesible. Alejandro Dumas (hijo), escritor francés, autor de la novela La Dama de las Camelias, sentenció que todos los hijos somos naturales. Para una madre todos los hijos son iguales, ella no tiene en cuenta si son legítimos o extramatrimoniales. La madre es como la tierra, que necesita el abono, la caricia y el cariño. Ella es la que le da vida al género humano, multiplicándolo. Ella es la persona más sacrificada desde nuestro nacimiento, hasta que uno tiene uso de razón o puede valerse por sí mismo. La madre representa lo más positivo de un pueblo, las primeras enseñanzas son las que perduran, es decir la madre educa y forma. La madre irradia magnetismo y merece la veneración y el cariño conmovido de todos los colombianos.