
Amigo José Tomás Suárez: ¡hasta siempre!

La muerte de Tomás Suárez, egresado y maestro ejemplar, conmociona. Un accidente truncó su camino a la prosperidad. Recordamos su lucha y legado en este homenaje.
Por Valmiro Rangel Rangel Si bien, los seres sentipensantes, tenemos conciencia de que la muerte es algo natural o mejor dicho: un accesorio o desenlace final de la vida. Hay muertes que son difíciles de asimilar y aceptar. El lunes 28 de abril, a las 6:30 AM, me despertaron con la infausta noticia de que Tomás Suárez, un egresado de la Escuela Normal Superior de Corozal en la promoción de 1987, había muerto trágicamente al colisionar su moto con otra, antes de llegar a Las Llanadas, cuando se dirigía a su trabajo en la Escuela El Deseo, ubicada en la zona rural de Chinú. Si bien, soy poco amigo de escribir sobre los muertos, creo que Tomás merece ser valorado como el gran ser humano que fue; de lo cual sus tres hijos deben sentirse orgullosos. Tomás, más que mi alumno fue mi amigo. Fue un ejemplo a seguir para aquellas personas desvalidas que por su esperanza y perseverancia ingresan a estudiar a una institución educativa con el fin de fraguarse un futuro mejor y salir de la pobreza extrema como la tenía cuando estudiaba, a tener ciertas comodidades, como las tenía al momento de morir. Tomás, la mayoría de las veces se iba sin desayuno para la escuela, o sin almuerzo cuando le tocaba estudiar en la jornada de la tarde. En las pocas veces que lo lograba, a duras penas, podía tomar como alimento un calducho, acompañado con un pedazo de yuca, de los remanentes que le quedaban de este tubérculo que vendía por las calles para ayudarse con sus estudios. Recuerdo que el día de su grado como Bachiller Pedagógico, no tenía quien lo acompañara a la ceremonia, pues su padre había muerto antes de que Tomás naciera y su madre yacía, postrada en su lecho de enferma, con sus piernas averiadas que le impedían caminar. Fue así como una vecina misericordiosa y diligente lo acompañó. Contar aquí todas las vicisitudes que tuvo que pasar Tomás para graduarse de Pedagogo y luego alcanzar una Maestría en Educación, parecería una obra de ficción. Solamente les digo que a este luchador por una vida digna, nos lo arrebató la muerte, cuando ya había tomado el camino de la prosperidad, y ya había salido de un túnel obscuro lleno de espinas. Resalto la grandeza y la templanza de este gran maestro, que murió en su ley, cuando iba para su trabajo, y es el hecho de que tuvo tres hijos: uno con la primera compañera que tuvo y dos con la última, la cual falleció hace alrededor de diez años. Hasta el día de su muerte, Tomás, no volvió a enamorarse, porque para él la prioridad era la educación de sus hijos, y la verdad es que ya lo había logrado porque hace unos meses me participó de que su hija se había graduado como Abogada y el otro está para graduarse de Contador Público. Cuando yo le preguntaba que cuándo se iba a enamorar y a casar de nuevo; con su malicia campesina me sonreía y me respondía: “tranquilo profe, para todo hay tiempo”. Y nada, la bendita Parca, no lo dejó que terminara de saborear su triunfo sobre la adversidad. ¡Descansa en paz compañero y amigo! Fortaleza para tus hijos y familiares.