
Almas corroídas

La envidia, un sentimiento destructivo que corroe el alma, se manifiesta en críticas y frustraciones. Estudios sugieren que puede afectar la cognición, pero su lado oscuro daña relaciones.
Por Samuel Morales Turizo Corroer es alterar el ánimo, provocar un sentimiento de remordimiento. Por ejemplo: sus incesantes críticas por la envidia lo corroían. Winston Churchill, estadista británico, decía: “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, el evangelio de la envidia y su virtud es el reparto igualitario de la miseria”. La buena envidia estimula la competencia y la superación. La envidia puede ser un sentimiento útil que aporta al mejoramiento personal como: estudios que lo relacionan con mejor rendimiento, creatividad y autosuperación en el individuo. Según una investigación la persona o la gente que experimentaba envidia aumentaba su habilidad para prestar atención, memorizar, ponderar detalles y otras facultades cognitivas. La envidia es aquello que se siembra en el corazón de muchos, por falta de logros, y algunas veces se maquilla de amabilidad, se pone perfume de cortesía para salir a la calle disfrazada de buena voluntad, pero se riega diariamente la amargura y la frustración. La envidia abarca las críticas destructivas, es propia de la gente incapaz, estas censuras, son equivalentes a la difamación, calumnias, injurias, esto es de las personas maquiavélicas, satánicas que no le agrada el progreso de los demás, sino destruir o pisotear al prójimo. La envidia se ha convertido en una enfermedad social de origen psicológica, hasta la pobreza se ha convertido en motivo de envidia: la solvencia moral de una persona puede motivar aberraciones, inconformismos a otras. Los celos y la envidia están ligados al orgullo, a la vanidad y al egoísmo. En ocasiones la generosidad genera envidia. No es la vida lo que separa a la gente. Es la envidia, la maldad, la hipocresía, la traición y la falta de respeto. Cuando una persona ataca a los demás por sus conocimientos, el espacio que se ha ganado por sus saberes, es producto de la incapacidad psíquica, al ver que la otra persona está surgiendo y él no lo puede hacer. Porque las virtudes y las sabidurías, el creador no las otorga a todo el mundo, sino a sus escogidos. Razón tiene el proverbio del Rey Salomón cuando afirma: “La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos”.