
Alejandro Durán, El negro grande

A 35 años de su partida, el legado musical de Alejandro Durán, primer Rey Vallenato, sigue vivo. Recordamos su triunfo y éxitos como "Alicia adorada".
Por Raymond E. Gomes-Cásseres El 15 de noviembre de este año 2024, Alejandro Durán Díaz, cumple 35 años de fallecido y su gran legado musical sigue vigente en los amantes de la música de acordeón. Hoy quiero recordarlo con esta nota. Año 1968. Las notas lastimeras del acordeón de Alejandro Durán inundaban todos los rincones de las poblaciones de la Costa Caribe con” Alicia adorada”, la elegía de Juancho Polo que sonaba en todas las emisoras de radio y se convertía en la canción más escuchada del año. Ese año se realizaba también por primera vez en Valledupar el Festival Vallenato del Acordeón y Alejandro Durán acepta la invitación a participar en él y sale de Planeta Rica, lugar donde reside desde 1962, dispuesto a ganar el primer lugar de ese concurso. Aunque no era conocido personalmente en Valledupar, canciones como Fidelina, 039, La perra, La cachucha bacana y Joselina Daza, que ya estaban en la memoria musical de la Costa, le sirvieron para ser el favorito del público. El 29 de abril interpreta en la plaza Alfonso López el son “Alicia adorada”, el paseo “La cachucha bacana”, el merengue “Elvira” y termina magistralmente con la puya de su autoría “Este pedazo de acordeón”, y el público enloquecido lo aclama como el Rey, lo que es ratificado por el Jurado. Esta coronación fue el impulso que necesitaba para consolidar una carrera musical que venía en ascenso. Tenía 49 años. Gilberto Alejandro Durán Díaz, el primer Rey Vallenato, nace el 9 de febrero de 1919, en el Paso, pueblo del Magdalena Grande, situado entre los ríos Cesár y Ariguaní, habitado desde un principio por vaqueros, agricultores y tocadores de tambor. Proveniente de una familia musical, ya que su padre y su abuelo son acordeoneros y su madre cantadora. A los 12 años empieza a trabajar en la finca Las Cabezas, donde se ha criado, pues allí también trabajan sus padres. Los cantos improvisados de los vaqueros arreando el ganado, las décimas de esos hombres rústicos acostumbrados a enlazar y realizar las labores de una finca, y los cantos de su madre los sábados, lo van formando. Cuando tenía 23 años se fue metiendo en las cosas que quería. Un día dejó la sabana y los playones de los ríos paseros. En 1943, a los 24 años, saca de un baúl el viejo acordeón de su tío Octavio Mendoza y empieza a tocarlo. Al año ya sabe y realiza su primera presentación en público. En esa misma hacienda conoció a Fidelina, el primero de muchos de sus amores. Como su amor no pudo cristalizarse le hace un son que la inmortaliza. Su primera grabación la hizo en 1950 para el sello Atlántico de Barranquilla y allí incluyó el tema Guepajé. Luego vendrían canciones como Altos del Rosario, La Perra, los Campanales, 039, Joselina Daza, El Verano, la Cachucha bacana, hasta llegar a la consagración con Alicia adorada, que, aunque no es de su autoría, las notas lastimeras de su acordeón la convirtieron en éxito. Lo demás es historia bien conocida. Por su consagración como Rey Vallenato es invitado a los Juegos Olímpicos de México y ocupa el primer lugar en la competencia cultural. Muere en Montería, a los 70 años, el 15 de noviembre de 1989 y empieza su leyenda como el más grande artista del acordeón de Colombia.