
Alarma por los huracanes

La humanidad siempre ha estado al arbitrio de los fenómenos naturales, como las lluvias, la sequía, los sismos y los desbordamientos de los ríos.
Por Samuel Morales Turizo La humanidad siempre ha estado al arbitrio de los fenómenos naturales, como las lluvias, la sequía, los sismos y los desbordamientos de los ríos. Encontramos en estas manifestaciones físicas, especialmente en las lluvias, dos tipos de conocimientos: el científico que viene a ser el informe del Instituto de estudios ambientales y meteorológicos (IDEAM). El empírico, son los conceptos por experiencia o vivencias de los moradores de entorno rural. Las tradiciones campesinas de la región caribe en lo que se refiere a las lluvias y a las tormentas están intactas. Los labriegos, los pescadores, ellos esperan con nervios todos los años, las fuertes lluvias, se presentan acompañadas con tormentas y vientos huracanados los efectos son desastrosos: muerte de personas y de animales. Las autoridades claman a las comunidades de la región Caribe precaución, limpiar canales y reforzar techos Evidentemente el conocimiento científico todavía no ha desplazados al conocimiento empírico, mientras exista el desequilibrio entre el hombre del campo y el hombre de la academia. Sol de Oro y su marido Nicasio, viven a orillas del Arroyo Grande en Corozal (Sucre), mi morada como ella la llama, está construida de bloques de cemento, sin repellar, con techo de palma, un dormitorio y un amplio sol resplandeciente durante el día y otro estrellado durante la noche, esto pasa en el verano. La otra cara de la moneda es la temporada invernal. Ellos nos relatan los sufrimientos que padecen a orillas de ese riachuelo, que por los estragos del invierno cada año se presenta el mismo problema. Ella con miedo dice lo siguiente: “los pronósticos de un riguroso invierno se escuchan por la radio, todos los días, desde muy temprano. Sol de Oro, su objetivo era alcanzar el sueño de vivir en el pueblo con una vida más aceptable, solamente con el temor de vernos sorprendido por la corriente de agua, teníamos el cuidado de asegurar los trastos móviles y los animales domésticos a la entrada de la noche. Siempre a las 3 de la tarde el cielo se ponía de color negro oscuro, presagio de lluvias. Chaparrones con gotas gruesas y copiosas, venían por horas a pasar sobre nosotros como verdaderas avalanchas”.