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Opinión

Adolescencia y emociones

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
14 de enero de 2023

La adolescencia, etapa de cambios emocionales y búsqueda de identidad, implica una transición estresante. Perder protagonismo y asumir responsabilidades son claves. El apoyo temprano es fundamental.

Por: Olga lucía Bustamante Madrid. Sobre la adolescencia existen diversos enfoques y esquemas, doctrinas, rasgos, teorías psicosociales y biológicas, diversidad de estudios científicos y opiniones. Etapa fundamentada cultural e históricamente, basada en vaivenes de la lógica social, y en la modificación de las pautas y códigos de comunicación. Período de vida, muy emocional, en el que se pierde y se gana. Stanley Hall, Psicólogo, la describe como “un periodo de tormenta, ímpetu, segundo nacimiento, tiene ídolos, rechaza la autoridad, puede ser dulce o cruel y apático, es entusiasta con lo que le gusta” … La vida me ha mostrado que uno de los grandes choques al entrar a la etapa de la adolescencia, es la pérdida de protagonismo. Pasar de rey a subordinado.  Perder los aplausos y estímulos de la niñez, lastima el ego. Sus conductas ‘llamativas’, ahora, conllevan exigencias y son calificadas. Abruptamente, dejan de ser dependientes emocionalmente, para comenzar a asumir algunas decisiones que el medio familiar, escolar o social le demandan. -No me refiero a la dependencia económica-. Con una carga de temor grandísima, porque los nuevos aprendizajes se adquieren lentamente, teniendo que aclarar y desmontar conceptos, para finalmente asumir nuevos roles. Es la primera fase de demolición, entendimiento y reajuste de una ‘vida propia’, -hasta ahora no tan propia-, conducida, que pasa de las manos de los padres a sus manos.  Un giro agresivo, porque es la bienvenida a la ‘conciencia con discernimiento’, -aun sin control total-, con los riesgos de lo que se piensa, se dice o hace, cargando la ‘responsabilidad y consecuencias’ de las mismas. En conclusión, la transición hacia el estado adulto, en la búsqueda de individualidad, es fuertemente estresante. De ahí el enojo, rebelión y oposición, que se descarga sobre quienes les demandan un comportamiento más maduro. Este impacto es más acertado y con menos colisiones negativas, cuando desde muy niños se les enseña a tomar ‘ciertas mini decisiones’ personales o que involucran a todos en el hogar o el salón de clase.  Cuando se ‘normalizan’ los errores no premeditados, sin arrepentimientos, miedos o culpas. Se aprende a pedir disculpas y disculpar, a ser serviciales y amables, a participar, identificar y compartir los problemas y soluciones familiares, a interactuar con los adultos, responsables o no, que dan ejemplo de vida, con sus implicaciones. Valoración y acompañamiento en abundancia, reflexión, exigencia de respeto, que lejos de significar mimos o halagos desmedidos, dan seguridad y confianza en la niñez y en etapas futuras. “En la sociedad donde vivimos, un adolescente instalado en la convicción de su nulidad, es una presa fácil.” Daniel Pennac