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Opinión

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Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
22 de noviembre de 2025

“Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento”, reza el principio fundamental de la llamada Aceptología, promovida por el filósofo colombiano, de ascendencia alemana, Gerardo Schmedling Torres;

Por Olga Leonor Hernández Bustamante “Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento”, reza el principio fundamental de la llamada Aceptología, promovida por el filósofo colombiano, de ascendencia alemana, Gerardo Schmedling Torres; es una invitación a comprender que no puedo cambiar lo que me pasa, pero si puedo cambiar la manera en que interpreto y por lo tanto la postura que asumo y el lugar en que me ubico frente a lo que me pasa. Esto no se distancia de lo que plantea la logoterapia, vertiente psicológica que habla acerca del sentido de la vida y que define como uno de sus pilares que, incluso en las circunstancias más difíciles, la persona tiene la libertad de elegir su actitud. Para Viktor Frankl, promotor de esta perspectiva, es justo esta posibilidad la última de las libertades humanas, ya que implica asumir la responsabilidad acerca de cómo responderemos ante las situaciones, teniendo en cuenta que incluso las situaciones más dolorosas y adversas, nos ofrecen posibilidades para crecer y encontrar un propósito. ¿Cuántas veces no nos hemos quedado anclados en la pregunta del por qué me pasa lo que me pasa, por qué el otro me hizo esto o aquello, por qué me toca vivir esto o lo otro? En esa resistencia nos quedamos anclados en preguntas sin respuestas que nos vuelven impotentes y frustrados. Nos detenemos en el por qué, como si escudriñar las razones fuera suficiente, como si tener las explicaciones lógicas de lo que está pasando, conjurara en alguna medida la angustia de tener que enfrentarlas. Vale ¿Y esto cómo se ve en la vida cotidiana? Por ejemplo: Mi relación de pareja terminó. Es lo que es y me corresponde hacerme cargo de lo que siento y decidir lo que quiero para mi a partir de este momento, qué aprendizajes tengo, qué cosas no deseo repetir e incluso cuáles y cuántas de mis actitudes aportaron para ese desenlace; pero no, me quedo anclada en preguntarme por qué me pasa esto, qué es lo que quiere la otra persona, cómo puedo hacer para revertir la decisión y que todo vuelva al mismo lugar donde estaba antes. Me niego a aceptar que me equivoqué y la otra persona seguramente también, que configuramos un vínculo al que le faltaba amor y comunicación, que tal vez se sostuvo por costumbre o por miedo. Otro ejemplo. Tengo una crisis económica, frente a la cual me instalo en la queja y la frustración, me agredo a mi mismo por las malas decisiones que he tomado y me quedo en el lamento y el querer saber por qué soy así, queriendo devolver el tiempo para decirle a mi yo del pasado que no tome ese camino. Pero no, la crisis es lo que es y me corresponde hacerme cargo de las consecuencias de mis, seguramente, decisiones erradas, renunciar a ciertas cosas, restringirme en otras para poder enrutar nuevamente ese aspecto de mi vida. ¿Cómo puedo dejar de resistirme a lo que es y disponerme a aceptarlo para poder entonces decidir mi interpretación o posición frente a mi realidad? Si no acepto lo que me pasa simplemente no puedo decidir nada al respecto, porque la negación de la experiencia no me permite tomar ninguna decisión. Tan simple como que no puedo hacer nada si no quiero ver la realidad.