Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Abelardo, rumbo a la casa de nariño

Carlos Martínez Simahan
Carlos Martínez Simahan
Columnista
7 de junio de 2026

Colombia, esa esquina privilegiada de América del Sur, demostró el pasado, 31 de mayo, que ansía un gobierno democrático capaz de entender las angustias populares, causadas, sobre todo, por el desempleo, la inflación y la amenaza creciente d ellos grupos armados que alteran la vida cotidiana. Se siente esa tristeza en el atardecer de pueblos, sin luz y sin comunicación

Colombia, esa esquina privilegiada de América del Sur, demostró el pasado, 31 de mayo, que ansía un gobierno democrático capaz de entender las angustias populares, causadas, sobre todo, por el desempleo, la inflación y la amenaza creciente d ellos grupos armados que alteran la vida cotidiana. Se siente esa tristeza en el atardecer de pueblos, sin luz y sin comunicación La extensa ruralidad colombiana no ha podido gozar de los privilegios que ofrece el siglo XXI. Cuando sus habitantes salen a “buscar la ciudad” llenan los andenes , se aglomeran en los barrios de obreros pobres dando lugar a que crezca el hambre y la desesperación. (Más de 15 millones de colombianos no están comiendo bien, dice el P.M.A.). Esos espacios vacíos de amor son pronto presa del vicio y la violencia intrafamiliar. Tan tremendo nudo de soledad y angustia es uno de los mayores problemas que deberá empezar a resolver, con audacia social y compromiso moral, el próximo presidente de Colombia. Ante semejante reto me pareció inconsecuente que quienes se ganaron la oportunidad de luchar en segunda vuelta por el banderín presidencial no dedicaran su mensaje de primeros triunfadores a hablar de semejante reto. Primó la saeta al contrincante sobre la cuestión social. Se desperdició un espacio esencial de comunicación con el pueblo. Para Iván Cepeda, que priorizó elogiar a su gran elector, Gustavo Petro, el gobernante que cargará sobre su espalda el fracaso del primer gobierno de izquierda en Colombia. Petro, el gobernante que se burló de la ley y desatendió la imparcialidad que ella le exige. También Abelardo desaprovechó el majestuoso escenario de las riberas del primer río de la patria para enviar por su cauce las palabras de esperanza, trabajo y progreso que ansía escuchar la sociedad colombiana. Pero distingamos: Iván Cepeda es el heredero de un mundo arcaico y fracasado. Y el heredero, también, del socialismo leninista, tan cruel como perverso. Cuando plantea sus tesis da la impresión que añora “la cortina de hierro" de la que hablara Winston Churchill. Sus duros señalamientos recuerdan el idioma letal de la guerrilla colombiana. Si quiere mantener las posibilidades en la contienda presidencial deberá olvidarse de esos nexos fatales que lo atan al pasado y que no son fáciles de olvidar. Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo tienen por delante un pueblo que espera soluciones, que ansía saciar el hambre y tener un salario (Bentham decía que el sinónimo más cercano a la felicidad es el salario). La reconocida capacidad empresarial de ambos deberán dedicarla a lograr un gran progreso social para que Colombia no siga siendo señalada como uno de los países más desiguales de la tierra. Deberán ilusionarnos con que responderán a la magnitud del desafío. Así se lo exige la patria misma. Curtidos en sus profesiones y tareas saben que los recursos de Colombia son escasos. Ciertamente entusiasma la responsabilidad alegre con que ha asumido su campaña presidencial. Perdón por la grandilocuencia: pero es que Abelardo, como hombre del caribe tiene por delante las huellas de Bolívar que nos legó la República y de Rafael Núñez que nos legó el Estado.