Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

A escondidas

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
12 de julio de 2025

A todos nos ha pasado: guardamos con tanto cuidado algo valioso, que al final no recordamos dónde lo pusimos.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante A todos nos ha pasado que guardamos algo que queremos cuidar porque es muy valioso para nosotros y luego cuando lo estamos buscando ya no lo encontramos, la ironía de haberlo guardado tan bien que ya nadie sabe dónde está. Creo que hacemos algo parecido cuando, por la vida y sus circunstancias, nos ha tocado vivir situaciones dolorosas o con mucho sufrimiento, momentos donde sentimos que si no nos cuidábamos podíamos sucumbir y quebrarnos, en esos momentos nos protegemos y diseñamos estrategias para mantenernos en pie, con el riesgo de que luego, cuando la situación pasa y ya la protección esta desactualizada, no sabemos dónde buscar esa característica nuestra y terminamos con la sensación de estar perdidos sin saber siquiera quienes somos nosotros mismos. “Yo perdí mi alegría, fueron tantas las veces que se burló de mi o me abrió los ojos de manera amenazante por cantar, bailar o por ser expresiva en algún evento social, que poco a poco como que me fui apagando. Me fui acostumbrando hasta a vestirme distinto, con colores opacos, sabiendo que a mí me gustaba el rojo y los estampados. Cada vez me parecía menos a mi y para él eso era lo correcto y yo lo permití. Ahora no tengo ni idea quien soy y dónde estoy. Es como si la mujer alegre que había en mi hubiera muerto”. “Me hubieras visto antes y nunca pensarías que soy la misma persona. En el trabajo yo era una mujer exitosa y brillante, una carrera en ascenso, salarios con varios ceros a la derecha, viajaba sola, salía sola a comer o a algún bar a tomar algo sin ningún inconveniente ¿Y ahora? Ahora no me atrevo a hacer nada, todo lo que hago siento que está mal, que no es suficiente, que soy una impostora. Ahora solo tengo ganas de dormir y esperar que pase el día, ahora no sé dónde quedó la chispa que me hacía sentirme viva”. “Miro las fotos de mi matrimonio y no me explico cómo llegué a esto. Yo me cuidaba, hacia ejercicio, comía bien y me gustaba como me veía al espejo. Siempre fui ansiosa, pero nunca al nivel que estoy ahora, antes era más segura, sentía que podía gestionar lo que me pasaba de la mejor manera. Ahora, permíteme esta forma de decirlo, tengo en kilos en el cuerpo el mismo o más peso que el miedo y la ansiedad que tengo en mi corazón, es como si mi cuerpo mostrara todo lo que ando cargando. Ya no sé cómo hacer para volver a mi centro y volver a encontrarme en calma y entonces me pierdo cada día un poquito más”. A veces no estamos perdidos, sino que nos protegimos tan, pero tan bien, que no sabemos cómo volver a nuestro centro. Pero no hay que perder de vista que ese centro existe, solo hay que limpiar la maleza para poder encontrar nuevamente el camino.