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Opinión

A 30 años del magnicidio

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
24 de noviembre de 2025

Tal vez cubierto por la bruma de otros acontecimientos de trascendencia nacional, como el holocausto del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, tras sus 40 años de haberse sucedido y cuyas fechas se conmemoraron durante este mes de noviembre...

Por Ismael Guerra de la Ossa Tal vez cubierto por la bruma de otros acontecimientos de trascendencia nacional, como el holocausto del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero, tras sus 40 años de haberse sucedido y cuyas fechas se conmemoraron durante este mes de noviembre, pasó lamentablemente desapercibido otro episodio no menos triste y luctuoso para la Patria. Nos referimos al asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, ocurrido a eso de las 10:20 de la mañana del 2 de noviembre de 1995, es decir, se cumplieron 30 años. Gómez Hurtado salía de la Universidad Sergio Arboleda donde regentaba la cátedra de “Historia Política y Constitucional de Colombia”. Iba acompañado de un escolta y de su exescolta José del Cristo Huertas Hasta morir, quien era su gran amigo, agradecido como estuvo siempre con Gómez, pues este lo ayudó mucho económicamente para que pudiera estudiar y graduarse en Derecho. Hasta morir también murió tras resultar mortalmente herido durante el atentado que los sicarios perpetraron contra el líder conservador El crimen de Álvaro Gómez Hurtado sucedió durante el gobierno de Samper, del cual Gómez fue uno de sus más férreos opositores por haber resultado elegido con dineros de la mafia, concretamente del Cartel de Cali liderado por los hermanos Rodríguez Orejuela. Precisamente, Fernando Botero Zea, quien fue ministro del Interior de Samper, no dudó nunca en calificar el magnicidio de Gómez Hurtado como crimen de Estado. Gómez Hurtado fue una figura prominente a quien le cabía el Estado en la cabeza. Varias veces candidato presidencial y Designado a la Presidencia. Fue un hombre erudito en toda la extensión de la palabra. Era políglota. Dominaba con singular solvencia intelectual los temas económicos, políticos, sociales, culturales y se caracterizó siempre por ser un extraordinario periodista y un humanista ejemplar de talla, no solamente continental sino universal. Fue secuestrado por el M-19, grupo terrorista que pensaba matarlo como lo hizo, por ejemplo, con el líder sindical colombiano José Raquel Mercado. Sin embargo, los terroristas del M-19 no se atrevieron a cometer el magnicidio, precisamente por la conmoción mundial que produjo su secuestro y por eso los cabecillas de la organización criminal se abstuvieron de acabar con su vida, conscientes del repudio internacional que les caería encima. Estos no lo mataron, pero sí lo hicieron otras fuerzas oscuras del país. Otro baldón y oprobio para nuestra Patria. ¡Cuánta ignominia!