20 de octubre de 2022 - 3:00 AM

Señalado, sentenciado y perseguido por la Policía: pistas de un crimen extrajudicial

Señalado, sentenciado y perseguido por la Policía: pistas de un crimen extrajudicial

Redacción. Un mes y cuatro días antes del sonado falso positivo de Chochó, que dejó a 3 jóvenes asesinados, a 11 uniformados tras las rejas y que puso en tela de juicio el actuar de la Policía en Sucre, un crimen de proporciones similares se registró en el municipio de Betulia, pero aunque hay denuncias, el hecho hasta el día de hoy reposa bajo la sombra de la impunidad.
Durante los pasados meses de junio y julio hubo tensión en la mayoría de los municipios sucreños por los continuos ataques del Clan del Golfo a la fuerza pública, ese mismo ambiente de zozobra colectiva fue la cortina de humo perfecta para pasar por alto el secuestro, tortura y homicidio de Jorge Juan Gil Mercado, de 25 años, que, según sus familiares, fue señalado, sentenciado y perseguido por la Policía, luego de que le atribuyeran el atentado contra esta institución perpetrado el 29 de junio del año en curso en la calle Real de este municipio (Betulia), suceso que dejó a un policía y a un civil heridos. El ataque quedó grabado en una cámara del sector, que de paso serviría para demostrar lo inocencia del muchacho.

Una cámara de seguridad del sector captó el momento en que dos sujetos en moto abren fuego contra la patrulla.

Esta es la historia no conocida del crimen extrajudicial que se suma a las 10 muertes de civiles en Sucre a manos de la Policía ocurridas durante 2021 y lo transcurrido de 2022.

“A la casa llegaron unos 15 policías y varias camionetas, todos apuntando sus armas contra la vivienda, yo les abrí la puerta porque la iban a tumbar, me preguntaron con quién vivía, les dije que con mi esposo Jorge Juan, entonces me llevaron para el patio. Me pedían que les dijera dónde estaba él, les respondí que él había salido, mi preocupación en ese momento era que él apareciera, porque momentos antes yo lo había llamado para decirle que la Policía lo estaba preguntando y él me dijo que ya iba para la casa a ver qué era lo que sucedía. Me siguieron preguntando lo mismo, luego me tiraron al piso y me dieron patadas, el coronel Núñez me metió la pistola en la boca mientras me tenía la bota puesta en el cuello. Otro policía de apellido Guzmán (Frankyerli Guzmán) me seguía dando patadas en las costillas, me decían que dijera el sitio en el que estaba mi esposo, porque lo iban a matar, y que sino hablaba me iban a llevar en una camioneta y me mataban, dejándome tirada en algún lado. Insistían que les diera el número de teléfono, les dije que yo no tenía teléfono. Después llegó un policía diciendo que me metieran a la casa, porque había vecinos viendo, estando dentro me arrodillaron y me golpearon en la espalda y la cabeza con patadas. Se metieron al cuarto a revisar y encontraron un plato donde estaban desayunando mis hijos, los policías decían que era Jorge que estaba ahí, que se los buscara. Se llenaron de más odio y empezaron a partir todo: televisor, estufa, botaron el arroz, voltearon y rajaron con cuchillos los colchones y la ropa. En eso un policía se cayó y se cortó la mano, furioso se levantó y me pegó patadas por todo el cuerpo, ya yo no aguantaba más golpes, de ahí me levantaron y me dieron 5 minutos para que saliera de la casa, me dijeron que al que vieran en esa casa lo mataban y quemaban la vivienda, cuando ellos me soltaron salí corriendo, en ese momento iba llegando la mamá de Jorge Juan”, relató Karlin Rondón, esposa de Jorge Juan.

A Karlin también la intimidaron diciéndole que amarrarían a los niños para luego matarlos

Alertada por los vecinos, María Luisa Mercado, madre de Jorge Juan, llegó a casa de su hijo, pues, le habían dicho que estaban violentando a su yerna. “Lo primero que noté es que afuera de la casa de mi hijo había muchos policías y camionetas. Me acerqué a ellos y les di los buenos días, pero ninguno me contestó. De inmediato les pregunté qué pasaba con mi hijo, por qué lo buscaban, ellos me respondieron diciendo que mi hijo había matado a un policía en Betulia, que él era un asesino, yo les dije que por las redes acababa de ver la noticia en la que informaban de un policía herido y fuera de peligro, ellos me mandaron a callar, me gritaron alcahueta, que no sabía la joyita de hijo que tenía, que él era un asesino y lo andaban buscando porque lo iban a matar”, señaló María Luisa.

De acuerdo al testimonio de Karlin, siendo las 9:00 de la mañana su esposo salió a pie para Betulia, donde visitaría a su abuelo con la intención de que él y otros familiares que le regalaran alimentos, porque no tenían que darle de almuerzo a sus dos niños, de 2 y 5 años, ya que la moto en la que Jorge Juan se rebuscaba como mototaxista tenía cuatro días de estar varada en el taller.
“Yo les dije que mi hijo me había llamado, diciéndome que él no era culpable, que no había matado a nadie, que se entregaría para que todo se aclarara, pero ellos lo que me dijeron fue que se los trajera para matarlo, que si no aparecía lo buscarían hasta debajo de las piedras, pero que lo iban a encontrar para matarlo, eso me lo decían los policías de la Estación de Betulia. Yo me puse a llorar y les pregunté que si tenían pruebas de lo que me estaban diciendo, les pedí que respetaran la vida de mi hijo, que no lo podían matar”, reveló María Luisa.

Ese 29 de junio El Meridiano estuvo en la calle Real de Betulia cubriendo el acontecimiento. Véase desde el segundo 0:44 al 0:50, la presencia del entonces comandante operativo de la Policía en Sucre, teniente coronel Benjamín Núñez, hoy preso en La Picota., como presunto autor material del asesinato de los tres jóvenes de Chochó.

En la investigación adelantada por este medio pudimos constatar que uno de los policías que presuntamente estuvo en ese allanamiento ilegal y que además habría lanzado amenazas de muerte e insultos contra María Luisa, sería el comandante de la Estación de este municipio, intendente Edgardo Gracia Quintero, que ya tiene antecedentes por intimidar a la población de esta manera, pues, así quedó evidenciado un mes después del asesinato de Jorge Juan, cuando encerró a un mototaxista en la Estación, al que no solo golpeó e intimidó con una arma de fuego, sino que también lo señaló de ser miembro del Clan del Golfo, acusación que puso en riesgo la vida del joven y que le costó el desprecio de todo un pueblo al tacharlo de delincuente, en esa ocasión la víctima lo denunció ante varios entes de control, incluyendo la Procuraduría, pero hasta el momento el intendente Gracia sigue como si nada, ejerciendo sus funciones.
Siguiendo con lo ocurrido ese 29, María Luisa recordó que estando ahí fuera de la casa de Jorge Juan, “uno de los policías llamó al coronel Núñez y le dijo: venga para que le diga a esta vieja hijueputa (sic.) el sicario que tiene de hijo. Que mi hijo les había matado a un hermano de la Patria, les dije a ellos que no les podía doler más su compañero, que el hijo que yo había parido y más cuando estaba segura de que él no había hecho nada, pero ellos, los policías de Betulia, insistían que mi hijo era un asesino. Me advirtieron que la persona que se acercara o entrara a la casa de Jorge Juan, ellos lo iban a matar, entonces les dije que me mataran, porque yo si iba a entrar y así lo hice. Todo estaba destrozado, me dio dolor ver cómo lo poco que con esfuerzo mi hijo y su esposa habían conseguido, ellos en 15 minutos lo destruyeron”, cuestionó María Luisa.

Desde ese día la casa en la que Jorge Juan vivía con su esposa y sus dos pequeños hijos quedó desolada

La desesperada madre en compañía de su yerna salió al casco urbano con destino a la Personería para denunciar el atropello que presenció. “Cuando les dije que iba a denunciarlos, lo que hicieron fue burlarse de mí, sacaron sus armas y me dijeron cómo matarían a mi hijo”, recordó María Luisa.
En el trayecto hacía el pueblo se encontraron con varias camionetas blancas de platón que son usadas por Policía Judicial (Sijín, Sipol y Gaula), estas se dirigían en dirección contraria. “Le hice la señal de pare a una patrulla motorizada que iba detrás de las camionetas, se detuvieron, al igual que los carros, ellos se bajaron, entonces llorando les dije que yo era la mamá de Jorge Juan, el muchacho que buscaban y que yo iba para Betulia a buscar ayuda, ellos me dijeron que me podían ayudar, pero les dije que no confiaba en ellos, entonces el agente de la moto me dice que no tenga miedo, que él es el comandante de la Policía de Sincé, que me subiera, que no me iba a pasar nada, yo les dije que si me querían ayudar yo iba a estar en Betulia, entonces los agentes que iban en las camionetas me agarraron de los brazos y a la fuerza me intentaron subir a la camioneta, pero mi yerna me jaló por un brazo y me dijo que no me subiera, en ese momento mi corazón me decía que si me subía me iban a usar para llegar hasta mi hijo y después nos mataban a todos”, pensó María Luisa.
Lo primero que hizo la perturbada madre al llegar al casco urbano fue dirigirse al sector de La Virgen, salida a Corozal, sitio donde Jorge Juan se estacionaba para hacer las carreras, pues, ella ya tenía información que en ese lugar entregaron a la Policía una foto de su hijo, con esa misma fotografía llegaron buscándolo a su casa. María Luisa interrogó a los mototaxistas que se encontraban en el lugar, preguntó, por qué ellos entregaron esa foto asegurando que su hijo era el que había disparado a los policías, los mototaxistas dijeron no saber nada. Cabe mencionar que durante esa mañana por grupos de WhatsApp circularon fotos de dos jóvenes, distintos a Jorge Juan, siendo señalados como los responsables del atentado.
“De ahí me fui para la Alcaldía en busca del personero, pero me dijeron que se encontraba en una audiencia, entonces otra persona que estaba me atendió y le comenté lo que estaba pasando. Además, les pedí que me ayudarán con un abogado para presentar a mi hijo ante las autoridades. Salí de ahí directo para el centro de salud, porque como sufro de asma entré en crisis, ya no respiraba. Cuando me estaban haciendo las nebulizaciones varias personas conocidas se me acercaron y me dijeron que cuando atendían al policía herido, el comandante operativo , Núñez, dijo que al responsable del atentado había que eliminarlo, que lo buscaran por todas partes, que lo quería muerto. Cuando escuché eso me puse peor, no paraba de llorar, unas enfermeras se me acercaron y me tranquilizaron un poco. Al rato me marcó mi hijo, yo le contesté y le dije que no me llamara, que tenía miedo que lo encontraran y lo mataran, entonces me dijo: “madre no llores, viejita yo no soy culpable de nada, que miren las cámaras, yo no hice eso. Él decía que cómo iba a hacer algo así en su propio pueblo, donde todos lo conocen. Me suplicaba que lo ayudara, pero por ese temor a que lo ubicaran y lo mataran corté la llamada, a los minutos me envió un mensaje de texto, reafirmando que no era culpable de nada”, dio a conocer María Luisa.


Las horas consumían el día mientras la preocupación devoraba a la abatida madre. A las 8:00 de la noche volvió a tener contacto con su hijo, de antemano lo previno diciéndole que no le revelara su ubicación, que ella haría todo lo posible por ayudarlo. “A las 11:00 de la noche me volvió a llamar, me dijo que la Policía estaba cerca del lugar donde se refugiaba, que su vida corría peligro, así que tuvo que moverse de sitio y seguir huyendo.
A las dos horas me llamó y me dijo que estaba en casa de un amigo en Corozal. Al día siguiente (30 de junio) me volvió a llamar, me dijo que se iba para San Onofre, que un amigo se había ofrecido en ayudarlo. Yo le supliqué que no se fuera, que se quedara ahí, mi corazón de madre me decía que algo podía sucederle si se movía, pero mi hijo decidió irse a ese destino donde lo esperaba la muerte. A mediodía volvió a llamarme, ya para ese entonces iba en la buseta, me dijo que antes de llegar a Toluviejo había un retén de la Policía donde le pidieron cédula y lo requisaron, pero que todo había salido bien, me aseguró que cuando estuviera a salvo volvía a llamar, antes de colgar me dijo: viejita te quiero mucho. Sin saber él ni yo que esa sería nuestra última conversación”, recordó con dolor María Luisa.
En esa última comunicación entre madre e hijo, Jorge Juan le dijo a su mamá, que en la buseta en la que viajaba de Sincelejo a San Onofre iba una persona que la llamaría para avisarle cuando llegara a su destino. En horas de la tarde María Luisa recibió la llamada de una mujer, que le dijo, “¿Usted es la señora María Luisa?, respondí que sí, entonces me dijo: bueno, a su hijo lo agarraron en la bomba de San Onofre, eran cuatro motorizados de la Policía y una camioneta blanca, le dieron un cachazo en la cabeza, lo subieron a la camioneta y se lo llevaron. Yo empecé a dar gritos y a llorar, pues, sabía que mi hijo en manos de esa gente estaba muerto. Mi yerna siguió en la llamada con la mujer, ella la orientó para que llegara hasta esa bomba”, detalló María Luisa. La atribulada madre quiso salir en busca de su hijo, pero sus familiares y el estado de salud en el que se encontraba no la dejaron, fue así como su yerna emprendió la búsqueda de Jorge Juan.

La casa de bahareque en la que residía Jorge Juan con su esposa e hijos permanece deshabitada desde aquel horrible día en que policías amenazaron con matar al que vieran en la vivienda.

Al día siguiente, primero de julio, una corazonada le predecía a María Luisa que su hijo ya no seguía con vida, su teléfono dejó de sonar y por ningún lado había rastro de él. “Mi yerna llegó hasta la Estación de Policía de Toluviejo, porque le dijeron que allá lo habían visto, pero ahí no le dieron razón de él. Así lo siguió buscando en los municipios cercanos, sin encontrar respuesta. Al día siguiente, cuando mi yerna me llamó para decirme que mi hijo estaba muerto, ya yo lo sabía, en redes había visto la publicación de una foto de dos jóvenes asesinados que estaban boca abajo a la orilla de una carretera, sobre un basurero. Lo reconocí enseguida, tenía la misma ropa con la que había salido de su casa”, aseguró María Luisa.
Por la forma en cómo los asesinos ubicaron a Jorge Juan, María Luisa está segura que las llamadas entre ella y él fueron interceptadas, solo de esa forma lograron precisar el lugar a donde iba. Cabe mencionar que el joven no tenía anotaciones judiciales ni tampoco había sido capturado. “Desde el primer momento que yo les dije que estaba hablando por celular con mi hijo, ellos muy seguramente estaban siguiendo esas llamadas”, concluyó María Luisa. Además, demostrado quedó que vivo no querían a Jorge Juan, pues, pasó por un puesto de control en el que pudo ser detenido. En medio de nuestra investigación, personas que por seguridad evitamos mencionar nos contaron que ese 30 en la tarde observaron que llegó una camioneta a la Estación de Policía de Betulia, de la que bajaron a dos personas esposadas y cubiertas con bolsas negras hasta la mitad del cuerpo, dato que también le refirieron a María Luisa, aunque es una información que las autoridades tendrán que confirmar cuando investiguen este caso, queda la duda si en la Estación pudieron ser ejecutados, partiendo de los antecedentes de abusos hacía civiles en el interior de este lugar, donde no solo golpean, sino que también amenazan con matar.

El cuerpo sin vida de Jorge Juan, que vestía buso y sudadera, fue hallado al lado de otro hombre, al que luego identificaron como Jannier Ruiz Algueta. Los cadáveres, que tenían tiros de gracia, los tiraron en el tramo Lorica – San Bernardo del Viento, al paso por el corregimiento San Martín, en un sector conocido como El Matadero

“Está claro que a mi hijo no lo mataron en ese lugar donde lo hallaron, a él lo fueron a botar allá, eso se puede verificar en las fotos, los cuerpos están uno encima del otro, como cuando los lanzan de una parte más alta”, manifestó María Luisa. Ella evitó ver el cadáver, pues, familiares de Jorge Juan, que se encargaron de las vueltas fúnebres le manifestaron que su hijo tenía el rostro destrozado por lo golpes que recibió, estaba irreconocible, por eso decidió quedarse con el recuerdo de aquel domingo 26 de junio, última vez que hablaron personalmente. Los dos cuerpos, que tenían tiros en la cabeza y señal de manos atadas, fueron avistados por conductores en el tramo Lorica – San Bernardo del Viento.

Exactamente en este punto (donde está la basura) fueron hallados los dos cuerpos sin vida. El sector es conocido como El Matadero, como se ve en la imagen es una vía desolada.

Aunque manifestó no conocerlo, María Luisa supone que el otro cuerpo sería el del amigo con quien su hijo se encontraría en San Onofre, situación que nuevamente nos pone a pensar de que las llamadas de Jorge Juan estaban siendo escuchadas, al punto de precisar con quien se encontraría.
Después del trágico hecho a la esposa de Jorge Juan con sus dos pequeños le tocó salir del pueblo y buscar un lugar seguro y así evitar ser víctimas de más atrocidades de la Policía. Qué ironía, ella se tiene que cuidar de los que se supone la deben proteger. A la fecha son casi 4 meses de perpetrado el crimen y aunque el caso es de conocimiento de la Defensoría del Pueblo, Fiscalía y la misma Policía, entre otras instituciones, poco han hecho por esclarecer lo ocurrido y judicializar a los culpables, por otro lado, la vida de María Luisa también corre peligro, ella no solo necesita protección, sino ayuda sicológica para superar, si es posible, el daño que le causaron los policías con sus insultos y amenazas de muerte.
Es de resaltar, que María Luisa tuvo que entutelar a la sede de Medicina Legal, en Lorica, pues, hasta el día de hoy no le han entregado el informe de la necropsia de Jorge Juan.

Otras víctimas que también claman justicia

Entre el año pasado y lo corrido de 2022, 10 personas en Sucre han muerto a manos de la Policía, cuatro de esos casos son los mencionados en las páginas anteriores, todos estas muertes, con excepción de la masacre de Chochó, permanecen en la impunidad. De esa decena de muertes, la primera ocurrió la mañana del 5 de febrero del año anterior en El Ajenjible, vereda del municipio de Majagual, en la Mojana, lugar en el que Arley Povea Ramos, de 25 años, al lado de otros amigos, se encontraba cazando patos y otros animales a la orilla de un caño ubicado al lado de la carretera, práctica que es común en esta población, por ese sector pasó una patrulla motorizada con dos uniformados a bordo, uno de esos patrulleros identificado como Moisés Pérez Pérez, que junto a su compañero, al ver que los muchachos portaban unos tubos de PVC que simulaban un ‘arma’ se detuvieron y fueron tras Arley y los demás, pero los jóvenes por temor a ser capturados por cazar animales salieron corriendo.
“Licho, como le decíamos a Arley, pasó por el rancho, yo lo vi, más atrás el policía con la pistola en la mano, hasta que lo alcanzó, el pelao levantó las manos y el policía le disparó”, este es el testimonio que un vecino entregó el día de los hechos en pleno parque de Majagual.
Desde ese entonces el uniformado (Pérez Pérez) que accionó el arma de fuego fue trasladado a Sincelejo, donde sigue trabajando, mientras que la investigación permanece estancada, pues, están a la espera de que la Corte Suprema decida si la investigación es responsabilidad de Justicia Penal Militar o de la Fiscalía, en ese dilema se han pasado casi dos años y el crimen sigue sin esclarecer.
“La Policía tiene que parar, no puede seguir matando a la gente por simple sospechas o porque a ellos les da la gana de quitarles la vida. Mire cuántos casos van después de la muerte de mi hermano y la mayoría de esos uniformados siguen trabajando normal. Pedimos transparencia en el caso de Arley, que condenen a los culpables y que el proceso sea llevado por la justicia ordinaria”, pidió Dayana Povea, hermana de Arley.

Más casos
El 23 de junio del año pasado falleció en una clínica de la capital sucreña Luis Carlos Almentero Aleán, de 21 años, donde ingresó 10 días antes tras recibir un balazo en el abdomen por parte de un policía. El joven se encontraba en una fiesta de picó en el sector Punta de Piedra en Coveñas, sitio al que llegaron policías del GOES a ordenar el fin del espectáculo, que terminó en un choque con los asistentes, llevando la peor parte Luis Carlos. Su muerte fue denunciada ante Fiscalía, pero igual que en los otros casos, reina la impunidad.
Ese mismo año, pero en el mes de agosto, en la avenida Ocala, en Sincelejo, policías mataron al vendedor ambulante José María Espinosa Campo, en ese entonces la Policía aseguró que el vendedor se habría opuesto a una requisa y sacó un cuchillo, lo que según la institución, fue motivo para quitarle la vida al hombre que se ganaba la vida vendiendo ostras y quien era natural de Tolú.
La primera muerte de un civil a manos de la Policía durante 2022 fue la de la menor María Alejandra Orozco, de 14 años de edad, triste hecho que tuvo lugar en el barrio El Poblado, sur de Sincelejo. Ese día en la esquina de la casa de la adolescente patrulleros hacían una requisa a un joven, situación que no lograron controlar, sacaron sus armas de dotación y dispararon sin precaución, impactando a María Alejandra, justo en ese momento ella regresaba de la tienda. El más reciente de los casos ocurrió la madrugada del pasado 14 de septiembre en el barrio Las Margaritas, en esta ciudad, dejando muerto a William Paternina Ortega, de 19 años. Las versiones conocidas dan cuenta de que al joven, presuntamente, la Policía lo sorprendió con varios metros de cables de telefonía, que de acuerdo a las versiones de la institución serían robado. Posterior a su captura, los uniformados lo llevaron malherido a la clínica Santa María, donde falleció a las 10:30 de la mañana del otro día. Sus familiares afirmaron que el joven tenía varios tiros en el cuerpo, uno de ellos en el pecho y cortes en los dedos de una mano, por lo que presumen fue torturado. Por las múltiples irregularidades en dicho procedimiento, el caso pasó a ser investigado por la Fiscalía y la oficina de control interno de la Policía con el fin de esclarecer lo ocurrido.
Para algunos es una muerte más, pero solo las madres de estos jóvenes conocen el significado de perder un hijo, todas concluyen que nada de lo que hagan le devolverá la vida a su ser querido, pero que conocer la verdad y ver tras las rejas a los responsables, les traerá paz, pues, sus corazones están destrozados y en sus ojos, como el caso de María Luisa, se refleja la tristeza y la impotencia de no estar ahí para dar su vida a cambio de la de su hijo.

Autor: El Meridiano

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