Rumbos de nuestra democracia

Rumbos de nuestra democracia

Por Miguel Mercado Vergara

A escasos días de inaugurarse el gobierno de Gustavo Petro son muchas las reflexiones y elucubraciones que surgen en todos los sectores de opinión del país. Y no es para menos porque el nuevo mandatario, en razón de su trajinar político, no viene de las huestes tradicionales que por años han estado en el escenario de la lucha partidista nacional.
Esa sola circunstancia, en sí, es generadora de inquietudes y motiva controversias porque se siembra la creencia de que no se sabe a ciencia cierta cuáles serán los rumbos de nuestra democracia.
De un lado, no faltan los especuladores de extrema que ya ven a Colombia cayendo en el abismo del caos, la destrucción, el mal gobierno, la limitación o recorte de libertades, la aparición sin control de leyes expropiatorias, la aniquilación de la propiedad privada mediante el arrebato desmedido de inmuebles rurales y urbanos, en fin, la toma de cuanto represente pertenencia de bienes de tal naturaleza.
También se escuchan las voces de quienes pregonan en todas las esquinas que estamos condenados a parecernos o tener la suerte de la vecina Venezuela, otrora el rico país donde la abundante riqueza marcaba la pujanza de ser uno de los lugares más próspero de la América latina.
Eso sin contar con quienes van más adentro de los mares y nos asimilan a la Cuba de Castro difundiendo la falsa creencia de que aquí se instaurará un comunismo desmedido. Personalmente no creo en esas desventuras. Pero lo que sí creo, sin caer en ilusionismos, es que la democracia colombiana es sólida y la mejor manera de preservarla o revitalizarla es participando activamente, a pesar de las distancias ideológicas o políticas, en ese gran debate constructivo que van exigiendo los momentos históricos que se viven aportando ideas enaltecedoras y no regando veneno sin desperdiciar oportunidades creyendo que eso es oposición.
Y también creo en la dirigencia sensata y seria del país que entiende que todos estos avatares de cambio en la lucha política dentro de un régimen de libertades ideológicas no es extraño que ocurran. En adelante lo que tiene que hacer esa dirigencia inteligente es cargar baterías para enfrentar con altura el gran debate que hoy ofrece nuestra democracia que, con seguridad, será la fortalecida para bien de una sociedad que necesita cohesionarse en pos de la estabilidad nacional.
Polemizar con grandeza enaltece la actividad política porque de allí nacen los consensos constructivos que son útiles para cimentar la democracia. La diatriba mezquina la deteriora.

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