28 de julio de 2022 - 7:29 AM

Plan Pistola. Córdoba y Sucre

Plan Pistola. Córdoba y Sucre

Por José Armando Benítez Tuirán

Los tiempos cambian, los conflictos cambian, pero Córdoba y Sucre, continúan en medio de la cruenta guerra que no para desde hace más de 50 años en este violento país. Vuelve a ver un plan pistola, esta vez para asesinar a policías colombianos por parte del denominado Clan del Golfo y precisamente los dos departamentos sabaneros, tristemente vuelven a ser protagonistas de estos macabros hechos. Como si de una maldición perenne se tratara, en estas tierras se continúa viviendo en primera persona la absurda guerra, como si no hubiera otra cosa que vivir.


El pueblo sigue matando al pueblo. Los agentes asesinados son en su gran mayoría, jóvenes que han ingresado a la Policía Nacional, en busca de un mejor futuro, pero se han encontrado de manera muy temprana y desafortunada, de frente con la muerte. Son pobres los jóvenes policías que mueren, y son jóvenes y pobres también, los delincuentes que aprietan el gatillo a órdenes de los clanes criminales.
La falta de oportunidades es sin duda uno de las causas que impulsa a un joven a empuñar un arma.

Es deber del gobierno, arrebatarles a los clanes delincuenciales el poder de atracción que ejerce sobre una parte importante de nuestra juventud. Con oportunidades de estudios, con ofertas de empleo o de emprendimientos es que se puede blindar a la juventud de los actores armados.


No será suficiente con el diálogo y la entrega o el desmantelamiento del Clan de Golfo, para que cese la violencia en nuestro territorio. Será imperativo que se ataquen las raíces del problema. De lo contrario volverá a aparecer otro grupo armado y cuando menos lo esperemos estará tan enquistado, como lo están las bandas criminales que hoy siembran el terror a su antojo en Córdoba, Sucre y en muchas partes del país.


Ya van asesinados 36 policías en Colombia en este año. Al Clan del Golfo se le atribuyen 15 de esos asesinatos. Ojalá no haya más muertos. La zozobra, la desazón y el horror que viven miles de familias que tienen algún miembro en la Policía Nacional, es un castigo infame, sobre todo para los padres y las madres. Ni hablar de aquellas familias que han perdido a uno de sus seres queridos en esta ola delincuencial.


Que termine pronto esta barbarie. Nadie merece morir en esta paranoica guerra sin cuartel. Dios proteja a nuestros policías.

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