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El fandango

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26 de abr. de 2023

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Por: Aníbal Paternina Padilla

En nuestras Sabanas sucreñas se comienza a disfrutar del fandango desde las primeras décadas del siglo XX, interpretados por las bandas que ya se habían organizado en los pueblos de la Región Caribe. En Sincelejo, particularmente para sus fiestas del 20 de Enero el fandango (ritmo y baile), era el principal complemento de las corralejas. El fandango es compañero de la parranda y el bullicio.  Nos comunica al rojo vivo los encantos de primitivas costumbres que aún perduran como memorables tradiciones en el precipitado desenvolvimiento de la vida. En Sincelejo, la esplendidez de los afamados fandangos interpretados y bailados en las fiestas del Dulce Nombre de Jesús, nos traen gratos recuerdos de inolvidables parejas como Pola Becté, Teresa Popana.

El fandango, al igual que la cumbia, son expresiones musicales netamente indígenas y más precisamente Zenues. El fandango tiene su influencia española, pero no es negroide, es el mapalé el que tiene raíces negras.  Los ritmos rodados no son negroides, Pues el hombre movía los hombros y la mujer la cadera. En el fandango se dan movimientos sobados de pie tieso y lógicamente sobados.

En España existe un ritmo que se toca con guitarra y castañuela conocida como fandanguillo. El fandango nuestro es un ritmo o baile indígena; el indio baila con las rodillas tiesas y no tiene movimiento de cadera.

La transición a las bandas se origina durante la Guerra de los Supremos en 1840, cuando se efectúan bailes de fandango en pueblos de Bolívar Grande como Calamar, Sitio Nuevo, Tenerife, Plato, Magangué, Sincelejo y otras poblaciones de las sabanas en honor al Ejército Unido de la Costa, donde se conjugaron las bandas de guerra con las gaitas y tambores, entre otras las dirigidas por el sincelejano Leónidas Paternina Martínez.  En su obra “Presente Antropológico” (1912) José Urueta y Eduardo Gutiérrez de Piñeres, narran características de los fandangos del Pozo de Getsemaní y Chambacú durante las campañas políticas. Para la época se hacían intercambios entre negros e indios. Esto indica que la transición de las bandas se dio en el transcurso del siglo XIX y albores del XX.

Mientras tanto, el músico sincelejano Leónidas Paternina Martínez fundó en San Pelayo en 1905 la primera banda de ese municipio con el nombre de La Arribana y creó la dinastía musical Paternina en cabeza de su hijo mayor, Primo Paternina Olivero, famoso músico, autor de María Varilla, Mona Carolina, Soy pelayero y otros temas del pentagrama nacional.