De las rutinas y las sorpresas

De las rutinas y las sorpresas

Por Camila Rodríguez de los Ríos

Que el cerebro humano es un órgano perfecto no es una novedad, y usamos cotidianamente un porcentaje de su capacidad de acuerdo con las actividades que desempeñamos. En lo que más lo utilizamos, sin duda, es en las rutinas. Desde que nos despertamos comenzamos a efectuarlas con o sin variaciones en el libreto. Por ejemplo, al bañarnos seguimos siempre el mismo orden, igual cuando nos vestimos, al tomar el desayuno comemos los mismos alimentos en la misma cantidad. Si nos ponemos a hacer una lista, quizás nuestra vida está más llena de rutinas de lo que creemos. Algunos las disfrutan porque para el cerebro es más cómodo, eso que llaman “zona de confort”, donde hay un menor consumo energético. Las rutinas van más allá de lo operativo: oímos la misma música, vemos las mismas películas, leemos libros sobre los mismos temas, pedimos los mismos platos en los restaurantes, usamos los mismos colores en la ropa, hasta vamos a las reuniones con gente conocida. Pero las conexiones neuronales nuevas se hacen principalmente con las sorpresas y las novedades, igual que al corazón en el entrenamiento físico le gustan las variaciones.
Leemos un poema que no entendemos y decimos, no me gusta. Quizás es más sano cerebralmente hacer un esfuerzo y pensar qué quiso decir el autor. Igual la música, alguien dice: “A mí solo me gusta la música con guitarra”. ¿Qué tal si oímos otros instrumentos y otros géneros musicales? El cerebro nos lo agradecerá, aunque no lo creamos. ¿Por qué no tomar por otra ruta cuando nos dirigimos a un lugar, o simplemente cambiar de acera? Inmediatamente el paisaje es otro y se producen nuevas conexiones neuronales. Así mismo cuando hablamos podemos hacer el esfuerzo de utilizar palabras menos comunes que estén en nuestro léxico. En general, cualquier cambio que introduzcamos en nuestras costumbres son formas de sacudir las neuronas, poner a trabajar a las perezosas y a las que viven recostadas en las encargadas de las rutinas. Los hábitos son muy importantes porque le dan un orden a nuestra vida y también optimizan nuestro tiempo, pero no dejemos que se conviertan en inercia. Tenemos millones de células nerviosas, no las malacostumbremos, activarlas nos permite ver otra cara del mundo, otra faceta de la vida que sin darnos cuenta nos perdemos.

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