
“Estabamos mejor cuando estabamos peor”

El Sena Regional Sucre enfrenta una crisis persistente a pesar de los cambios directivos. Infraestructura deficiente, falta de internet y proyectos opacos agravan la situación, afectando la formación y el bienestar estudiantil. ¿Soluciones? Urgen.
Por Silverio Jose Herrera Caraballo Con esta columna me permito evocar la frase que inmortalizo ese gran folclorista corozalero Pedro Francisco Martínez Domínguez, “el mono de goyita” (q.e.p.d.), autor de la frase con la que título esta humilde opinión crítica, sobre lo que se ha convertido en una eterna problemática sin soluciones en el Sena Regional Sucre. Aquí es donde algunos dirán “todo tiempo pasado fue mejor, o, nadie sabe lo que tiene sino cuando lo pierde “podríamos decir que aquellos que despotricaban de Marcos Gómez Ordosgoitia, ex Director, hoy desearían tenerlo de vuelta. Luego del ultimo paro por parte de funcionarios de la entidad, en el también que recibieron apoyo de alguno de los grupos de formación de aprendices la Dirección nacional por fin nombro a un Director para la Seccional Sucre, quien hasta la fecha parece que tampoco ha llenado las expectativas y sí que menos ha podido solucionar la eterna problemática de la seccional. Como dijo un amigo: ¿No querían el Cambio? El Sena Sucre se debate hoy día entre la crisis y la urgencia de soluciones. A pesar de contar con un director en propiedad, la situación del Sena Sucre no ha experimentado una mejoría significativa. Las dificultades estructurales y administrativas persisten, afectando la calidad de la formación y el bienestar de la comunidad académica. ¿Por qué, pese a los cambios en la dirección, los problemas continúan sin resolverse? Es una pregunta que merece un análisis profundo y acciones concretas para evitar la parálisis institucional. Una infraestructura deficiente y carencias básicas, son parte de los problemas más alarmantes es la precariedad en las condiciones físicas de la sede La Gallera. A más de una década de su inauguración, la falta de acceso a agua potable sigue siendo un obstáculo crítico. Depender de camiones cisterna como única solución temporal no solo es insostenible, sino que también representa un riesgo sanitario para instructores, aprendices y personal administrativo. Sin un suministro estable y seguro, se compromete el derecho a un ambiente adecuado para el aprendizaje. A esta problemática se suma la ausencia de servicio de internet, un recurso imprescindible en la educación moderna. La falta de conectividad limita el acceso a plataformas de aprendizaje y dificulta la actualización de conocimientos, impactando directamente en la preparación de los aprendices para el mundo laboral. Proyectos sin transparencia y falta de gestión efectiva que pese a las denuncias sobre irregularidades en la contratación del proyecto de la vaquera exponen fallos en los procesos administrativos y de supervisión. Es imperativo garantizar que los recursos se manejen con transparencia y que las inversiones respondan a necesidades reales de la institución. Si la opacidad sigue marcando estos procesos, la confianza en la gestión se verá aún más debilitada. Persisten situaciones que afectan la calidad educativa, como lo es la falta de cafetería, un factor que impacta en la experiencia formativa. Para muchos aprendices, especialmente aquellos que provienen de municipios lejanos, contar con un espacio donde puedan acceder a alimentos es una necesidad básica que, al no ser cubierta, repercute en su rendimiento y bienestar. Por otro lado, la falta de agendas definidas para los instructores del área rural ha generado retrasos en la formación de los aprendices. Esta situación no solo afecta la continuidad del proceso educativo, sino que también desmotiva a los estudiantes y aumenta la deserción. Es inaceptable que la ineficiencia administrativa prive a estos jóvenes de su derecho a una educación oportuna y estructurada. Hay una urgente necesidad de una administración efectiva más allá de las deficiencias estructurales y logísticas. Sin estrategias claras para resolver estos problemas, el Sena Sucre seguirá sumido en un estado de crisis que pone en riesgo su función educativa. Se requiere liderazgo efectivo, voluntad política (no la politiquera que es la principal causa del problema) y una planificación transparente que priorice soluciones reales sobre intereses burocráticos. El Sena Sucre no puede permitirse seguir estancado. Urge un compromiso real de las autoridades para garantizar condiciones dignas de aprendizaje y trabajo, evitando que la formación profesional en la región siga deteriorándose. La comunidad educativa, los directivos y las entidades de control deben asumir la responsabilidad de transformar la institución en un verdadero motor de desarrollo para Sucre. Mientras tanto la pieza más débil del eslabón, los aprendices, serán como siempre los más perjudicados, la politiquería hunde cada vez más a la institución y me refiero a la regional.