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Opinión

¡No sean tan tercos!

Redacción M.C.
Redacción M.C.
Columnista
16 de noviembre de 2023

Las elecciones regionales en Colombia enviaron un mensaje claro al gobierno: la necesidad de diálogo y consenso. El electorado exige un cambio de rumbo, instando a una rectificación democrática para los próximos años.

En derecho, las cosas se deshacen como se hacen, y en democracia también. Si el desempeño y la orientación del Gobierno en ejercicio no le gustan al pueblo, la solución no es tumbarlo o sabotearlo sino enviarle un mensaje en la siguiente elección. Ha ocurrido en el pasado y, por más vueltas que le den para querer torcer la realidad, acaba de suceder también en las elecciones del 29 de octubre. Hubo mensajes regionales, por supuesto; castigo a mandatarios que les colmaron la paciencia a los ciudadanos, como en Cali o Medellín, pero también hubo un mensaje agregado en lo nacional que no se puede desconocer. Si no fueran tan tercos, se darían cuenta de que en algo más de 900 días que les quedan de mandato, todavía se puede hacer mucho sin sacrificar los postulados para los que fueron elegidos, pero sin meterse un tiro en el pie, ranchándose en posiciones que impiden el avance. Ese es el punto: que el Gobierno no se puede ver acorralado por unas odiosas clases sociales que lo desprecian o unas mafias políticas que lo quieren ver por fuera. El mensaje del electorado libre y sereno que salió a votar en las elecciones regionales es que no quieren más un gobierno encapsulado, "ensimismado", como dice 'El País' de España, sino uno que esté dispuesto a conversar; a llenar de contenido real eso a lo que el propio Gustavo Petro ha llamado el "acuerdo nacional". El Presidente tiene voces alrededor que le aconsejan todo el tiempo que abra la puerta de los consensos. Estoy seguro de que Laura Sarabia, Carlos Ramón González o Juan Fernández lo impulsan a tender puentes. A lo mejor eso no les guste a los activistas más rabiosos, pero es lo que le corresponde a un Presidente que lo es de todos los colombianos y no solo de los tuiteros resentidos. No vayamos tan lejos: el senador Iván Cepeda, de la entraña del petrismo, se jaló un artículo en el que se pregunta cosas como esta: "¿Por qué no establecer una mesa de diálogos en la que estén representados el movimiento social, los gremios empresariales y el Gobierno Nacional para definir las reformas sociales y ambientales imprescindibles para llevar textos legislativos consensuados al Congreso de la República?" El cuestionamiento toma mucho valor viniendo de donde viene, porque nadie puede acusar a Cepeda de ser un traidor de la causa, pero, además, llega en el momento adecuado. Puede que el Gobierno logre mayorías exiguas para sacar adelante en segundo debate la reforma de la salud en la Cámara, pero le queda pendiente la mitad del trámite y no todas las conciencias son transables en el Congreso como las de algunos representantes que, al menudeo, están siendo persuadidos con burocracia por ciertos operadores políticos del Gobierno. ¿De qué le sirve al Presidente aprobar con fragilidad textos que más tarde serán revisados por la Corte Constitucional o que no tienen recibo popular, como lo muestra la mayoría de encuestas? ¿Para ganar con esas victorias pírricas hizo semejante recorrido político durante toda su vida Gustavo Petro? ¿Es ese el mejor legado que les piensa dejar al país y al movimiento de izquierda en América Latina? No hay peor ciego que el que no quiere ver: la gente habló en las elecciones de octubre y, probablemente, muchos de los que se expresaron en estos comicios votaron por usted, hace más de un año, señor Presidente, y ahora le están pidiendo una rectificación democrática. Varias congresistas, como Jennifer Pedraza, Katherine Miranda o Cathy Juvinao, se lo están diciendo con respeto, y con ellas, millones de ciudadanos que aún cuentan con que, en dos años y medio, usted puede mejorar el rumbo. ¡No sean tan tercos, ole!