
Z.E.R. o no Z.E.R: ¿Cuál es la cuestión?

La implementación de las Zonas de Estacionamiento Regulado (Z.E.R.) en Montería genera debate. ¿Son necesarias para el orden o un nuevo cobro? Falta claridad sobre su impacto y beneficios.
Por Glenda K. Fuentes Las Zonas de Estacionamiento Regulado (Z.E.R.) en Montería han generado más preguntas que certezas. Desde su anuncio, el debate se ha polarizado entre quienes lo ven como una medida necesaria para ordenar el tráfico y quienes lo perciben como un nuevo mecanismo de cobro disfrazado de regulación. Pero, ¿qué hay detrás de esta implementación? Cuando se anunció la Z.E.R., las autoridades argumentaron que ayudaría a descongestionar la ciudad, fomentaría la rotación vehicular, permitiría un recaudo considerable y facilitaría la movilidad en puntos estratégicos. Sin embargo, muchas inquietudes surgen casi de inmediato: ¿Se realizó un estudio técnico serio que la justificara? ¿A dónde irán los recursos recaudados? ¿Dejarán zonas gratuitas? ¿Qué pasará con los residentes de estas zonas? Las respuestas han sido, en el mejor de los casos, escasas, generando una incertidumbre colectiva debido a la falta de claridad en la información y la limitada socialización de los estudios técnicos que la respaldan. Lo primero que hay que señalar es que el origen de la Z.E.R. se dio en administraciones anteriores, con la firma del marco legal en 2015. Lo segundo es que la actual administración suscribió el acta de inicio del contrato de Asociación Público-Privada (APP) con una vigencia de 11 años. Y tiene dentro de sus deberes socializar, evaluar su impacto y mitigar sus efectos negativos. En tercer lugar, que una APP es un modelo de asociación entre el sector público y privado, donde este último asume la inversión, operación y riesgo de un proyecto, mientras que el Estado regula y supervisa su ejecución. Cuarto, en este caso, el privado asume el 100% de la inversión y operación, mientras que el ente territorial no aporta recursos, pero recibe el 22% de los ingresos brutos generados. Por último, este recaudo se destinará a mejorar el transporte público, lo que en teoría beneficiaría a toda la ciudad. Pero ¿a qué costo? El de Todos: El pago por el derecho a estacionarse en espacios que antes eran gratuitos. El del comercio y restaurantes: Podría afectar la afluencia de clientes, especialmente en restaurantes y negocios nocturnos. Aunque se ha mencionado que los primeros 20 minutos serán gratuitos. ¿Será esto suficiente? El de los Residentes en zonas Z.E.R.: Tendrán que convivir con la regulación frente a sus viviendas y solo podrán registrar un vehículo exento de pago. Esto plantea varias preguntas: ¿Qué pasa con quienes tienen más de un carro? ¿Cómo se manejarán sus visitas? ¿Por qué unos pocos deben asumir un mayor peso de medidas que benefician a toda la ciudad? Ordenar la movilidad y regular el uso del espacio público pueden ser signos de desarrollo urbano. Sin embargo, cuando falta claridad y se imponen cargas desproporcionadas que afectan a sectores en particular, es necesario cuestionar. No podemos seguir acostumbrándonos a pagar sin preguntar.