
¿Y si no es la talla?

La búsqueda de la autenticidad, reflejada en la incomodidad de unos zapatos, nos invita a reflexionar sobre la importancia de ser fiel a uno mismo, sin forzar encajes.
Por Glenda K. Fuentes Tengo que confesar que una de mis debilidades son los zapatos. Me encantan y no puedo evitarlo. Hace un tiempo compré unos que eran la combinación perfecta: un diseñador que me fascina, a un precio estupendo, en un color neutro, y con un estilo versátil. Además, eran de mi talla, o eso pensé. Sin embargo, al probármelos, me di cuenta de que la horma no le hacía mérito a mi pie, como dicen, "corrían pequeños". Esperar el cambio no era una opción, pues ya había planeado una ocasión para usarlos. Así que decidí llevarlos al zapatero y probar un truco casero de mi amiga Anita (Mi Martha Stuart Monteriana), meterlos en el congelador con periódico. Cuando finalmente me los puse, en el espejo el look parecía perfecto. Sin embargo, los pasos se convirtieron en una tortura. Cada segundo parecía una eternidad, y tuve que esforzarme por mantenerme recta y sonriente, pues prefería "morir antes que desencajada". Al llegar a mi casa, mis pies estaban destrozados. Y entonces me detuve a pensar cuántas veces he hecho lo mismo en otras áreas de mi vida. Cuántas veces he intentado forzar relaciones, amistades y conductas para entrar en entornos que simplemente no son para mí. En ocasiones en el afán de ajustarnos para hacer parte de lo "bonito", podemos perder de vista nuestra identidad y bienestar. Esa que nos hace particularmente únicos, que alimenta el espíritu y deja una huella imborrable en el camino. Ser auténticos no es una tarea difícil, esa parte de nosotros siempre está esperando tomar su papel protagónico, hace parte nuestro ADN, y no puede ser transada bajo ninguna circunstancia. Cuando intentamos presionar algo que no es para nosotros, estamos negando nuestra verdadera esencia. Estamos traicionando nuestra alma y causándonos un sufrimiento innecesario. En lugar de eso, deberíamos buscar espacios donde podamos ser libremente, sin tener que fingir parecer alguien más. No hay nada más atractivo que lo original y diferente. La autenticidad es una característica fundamental en nuestras vidas. Ser auténticos significa ser fieles a quienes somos, a nuestros valores y a nuestras necesidades. Implica aceptarnos y amarnos de tal manera, que negociar nuestra esencia no es una opción. No vale la pena perderse para tratar de encontrar un lugar. No vale la pena dejar de ser para agradar. No vale la pena condenarse a la sombra cuando se puede brillar. No vale la pena dejar de vivir genuinamente para encajar. Lo que está destinado a ser fluye naturalmente. Lo que debe ser forzado se rompe o nos hace daño. Así que no te quedes sin escuchar a tu corazón, encontrar tu talla y caminar con pasos firmes hacia la felicidad que mereces. Al final: Somos una sola vez en esta vida y Ser como todos es no ser nadie.