
¿Y los contrapesos?

La injerencia presidencial en la Corte Constitucional amenaza la democracia colombiana. Un fallo polémico y próximas elecciones de magistrados encienden las alarmas sobre la independencia judicial.
Nunca antes el país ha estado tan cerca del riesgo que representa que un Presidente se quede con las mayorías en la Corte Constitucional para satisfacer sus intereses como ahora. Y el camino se comenzó a labrar en los últimos días con la posición de ese alto tribunal en la investigación en contra de la campaña presidencial del actual mandatario Gustavo Petro. La Corte, con 5 votos a favor y 4 en contra, le tiró un salvavidas al jefe de Estado ordenándole al Consejo Nacional Electoral (CNE) suspender la investigación en su contra por violar los topes financieros de la campaña. En esta nueva etapa, la relación entre el Ejecutivo y la Corte Constitucional, bajo la influencia del primero, podría desvirtuar las bases democráticas que han sostenido a la Nación durante décadas. Es evidente que en peligro están los contrapesos que deben tener las democracias, como es el caso de Colombia y la concentración de poder en un solo liderazgo y la posibilidad de manipular interpretaciones legales para favorecer agendas específicas, son amenazas latentes a la independencia judicial. Este panorama podría abrir la puerta a la erosión de derechos fundamentales, si la Corte decide priorizar la agenda política sobre la protección constitucional. La historia nos advierte sobre los peligros de un sistema en el que los poderes del Estado no actúan como contrapesos. En los próximos tres meses el Senado elegirá dos nuevos magistrados de la Corte Constitucional.