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Opinión

¿Y las propuestas anticorrupción?

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
11 de septiembre de 2023

Los candidatos a Gobernación de Sucre y Alcaldía de Sincelejo evaden el combate a la corrupción, prefiriendo propuestas populistas. El autor lamenta la falta de honestidad como valor electoral.

Por Ismael Guerra de la Ossa He leído y escuchado detenidamente lo que proponen la mayoría de los candidatos a la Gobernación de Sucre y la Alcaldía de Sincelejo, y no he visto ni oído a ninguno que hable de combate a la corrupción. En lo que han alzaprimado es en propuestas populistas y demagógicas adobadas con un sartal de lugares comunes que francamente no llaman al optimismo. Pareciera que no tuviesen nada novedoso que proponer y que viviésemos en un territorio donde el flagelo de la corrupción se hubiese erradicado por completo. Tal vez se les olvida o no quieren tratar ese tema. De pronto sea para no ahuyentar a aquel electorado acostumbrado a medrar permanentemente por los lados del presupuesto de donde sustraen sin escrúpulo fabulosas sumas de dinero producto de los ilícitos que se cometen contra el erario. Puede ser también porque creen que en una campaña política no se puede tomar como bandera la honestidad pues ella se torna contraproducente a la hora de pretender réditos electorales en un medio donde la descomposición social ha hecho mella, ¡y de qué manera! en la esfera de los valores humanos al punto de que ya ser honesto no paga. En épocas pretéritas, el valor de la honradez y la transparencia en los actos de quienes deseaban participar en las contiendas electorales, era lo que tenían muy en cuenta y muy presentes las masas populares y en general las grandes comunidades de ciudadanos para depositarles su confianza en las urnas. Desafortunadamente, eso cambió y ahora mientras más bandido sea el candidato más opciones tiene de salir airoso en las competencias democráticas. Se invirtieron los valores. Duele decirlo, pero así es. Naturalmente, esto es lo que un caracterizado dirigente político colombiano calificaba como signo diciente e incontrovertible de la decadencia en que había caído la sociedad colombiana. Ese dirigente, claro, fue asesinado en tiempos del Proceso 8.000 cuando la mafia aportó la plata para que ganara la presidencia de la República un personaje inescrupuloso y nefasto para el país. Hay que llamar la atención entonces en este debate electoral, sobre esa ausencia de propuestas anticorrupción en los programas de gobierno de los candidatos a regir los destinos del departamento y de su capital, pues lo que más se requiere en los actuales momentos es de una inversión pulcra y eficaz de los dineros públicos.