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Opinión

¿Y la politiquería? Muy bien gracias

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
9 de mayo de 2024

A tres meses de la mitad del mandato de Petro, Colombia no se asemeja a Suiza ni a Venezuela. El gobierno enfrenta obstáculos para consensuar reformas, marcado por polarización y corrupción persistente.

Por José Armando Benítez Tuirán Faltan escasos 3 meses para que Gustavo Petro cumpla la mitad de su mandato. Y Colombia no se está volviendo Venezuela, pero tampoco se está pareciendo a Suiza. (el mejor país del mundo para vivir según los estudios). Y es que el gobierno del cambio ha sido incapaz de consensuar las reformas estructurales que pretende hacer al estado, con el otro país, el que votó en su contra. El espíritu impositivo, y poco dialogante, de quienes han presentado las Reformas en el Congreso ha generado enfrentamientos con los partidos políticos de la oposición y solo han conseguido el precipitado hundimiento de estas, y más polarización para nuestra sociedad. Negarse a pactar con los partidos políticos, pero sí intentar hacerlo a nivel personal con cada congresista, es decir, buscar voto a voto, las mayorías necesarias en las cámaras a punta de mermelada, de poco le ha servido al gobierno Petro. Que ve, una y otra vez, como sus proyectos de reformas caen. Y es que estando casi a la mitad del período, no encuentran la fórmula mágica que les permita que las reformas que transiten en el Congreso sean aprobadas por los legisladores. Es obvio que hay un cambio en la manera de gobernar, pero que quizás se evidencia más en las formas que en el fondo. Pues las instituciones del Estado continúan siendo, como en gobiernos anteriores, cloacas de corrupción. En las embajadas y consulados siguen nombrando a los políticos y no a los profesionales de carrera diplomática. En las regiones, los institutos estatales siguen estando en manos de la clase política tradicional, con la que el Presidente se tuvo que aliar para ser elegido. El tráfico de influencia en el aparato estatal continúa su libre ejercicio, solo han cambiado los nombres de quienes mueven los hilos. Por todas partes hay nuevos reyezuelos, dueños de los presupuestos, de los cargos y de los proyectos de las instituciones del Estado. El escándalo de corrupción de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), es una muestra de que todo ha cambiado, para que nada cambie. El gobierno del cambio tiene que espabilar, para conseguir en lo que queda, los cambios estructurales que prometió. Pues de momento cambiamos de protagonistas, pero continuamos en la misma novela, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. ¿Y la politiquería? Muy bien gracias.