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Opinión

¿Y de cuándo acá?

Glenda K. Fuentes
Glenda K. Fuentes
Columnista
8 de noviembre de 2025

Tres palabras que parecen simples, pero que en realidad cargan el peso de la costumbre más humana: creer que tenemos derecho a cuestionar la evolución de los demás.

Una frase que se lanza con ligereza, como si las personas estuvieran obligadas a permanecer iguales, a no cambiar, a no reinventarse. Se escucha con frecuencia cuando alguien decide redirigir su vida, estudiar otra carrera, sanar una herida, acercarse a Dios, emprender un nuevo proyecto o simplemente vivir diferente. Si algo enseña la vida, a veces con la fuerza de las pruebas, otras con la gratitud del aprendizaje, es que siempre tendremos la oportunidad de decidir qué hacer con cada experiencia y en quién convertirnos en este tránsito. Somos seres en movimiento, contradicción, dudas, fe, caídas y renacimientos. Pero no todos con la misma capacidad de soportar y de echar para adelante. ¿Quiénes somos nosotros para hacérselo más pesado? Lo lamentable no es la crítica, sino la costumbre que se replica con ella. Preguntas llenas de sarcasmo como: "¿Y de cuándo acá habla así?", "¿Y de cuándo acá ora?", "¿Y de cuándo acá le interesa eso?", "¿Y ahora cómo le decimos?" Reflejan no solo una cultura que ha hecho de la crítica su forma de entretenimiento, de la burla su conversación cotidiana y del juicio su pasatiempo favorito, sino también cómo esta práctica se ha imbricado tan profundo en el ADN social que ya pocos notan lo dañino que es. La psicología social lo ha documentado: existe el negativity bias, una tendencia humana a dar más peso a lo negativo que a lo positivo. Por eso es más fácil criticar que reconocer, señalar que valorar. Lo negativo activa el juicio; lo positivo, la empatía. Y empatizar, en estos tiempos, parece un acto de resistencia. Paradójico, ¿no? Porque para que alguien te critique, primero tuvo que orbitar tu vida, así sea en silencio. Y cuando algo llama la atención, es porque está vivo, porque está creando movimiento. Así que, quizás sin proponértelo, ya estás cumpliendo un propósito. Dicen que nadie puede dar de lo que carece… porque quien vive en paz con su propio camino no necesita restarle a los demás. Quien se siente pleno con su propósito busca sumar, no señalar. Y quien está reconciliado con su historia no teme a la luz ajena, porque entiende que cuando otros brillan, el mundo también se ilumina un poco más. Al final del día hay una sola vida, la tuya, y esa no se vive prestada. Por eso, madurez para entender que nadie pierde autenticidad por evolucionar, coherencia para pensar antes de hablar y amor para compartir con los demás. Así que si cuando alguien diga: "¿Y de cuándo acá?", la respuesta será simple: De ahora. De hoy. Porque este es el tiempo de ser, sin permiso y sin culpa. ¿Y mañana? Mañana, quién sabe. Porque mañana, sin duda, será otra historia.