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Opinión

Vuelve y juega la reforma política

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
1 de octubre de 2024

Una nueva reforma política en Colombia enfrenta desafíos. La falta de identificación ciudadana con partidos tradicionales y cuestionamientos a su credibilidad obstaculizan el cambio, con propuestas poco creíbles.

Por Rafael Hernández Mestra Por enésima vez en el país se plantea otra reforma política, la cual no ha sido posible que se haya dado por diferentes intereses, especialmente por parte de los partidos políticos. La crisis evidente por la cual atraviesan los partidos, casi que, a nivel mundial, indica que en un creciente número de ciudadanos ya no se identifica con los Partidos tradicionales. Su protagonismo ha descendido o ha pasado a ser negativo, en primer lugar, porque la población vive desvinculada de sus propósitos e intereses con los de quienes están al frente de los partidos; en segundo lugar, estas agrupaciones no analizan las necesidades de la gente ni dan respuestas satisfactorias a sus electores, y en tercer lugar, se ha cuestionado su credibilidad en razón a sus alianzas que realizan y el comportamiento de sus líderes. Los partidos deberán atender la necesidad de un cambio radical en dos sentidos: hacia adentro, para reestructurar su organización interna, de manera que a su interior se ejerza una verdadera democracia y se adopten sistemas eficientes de control de los actos de sus líderes; y hacia afuera, para constituirse en elementos útiles del sistema democrático, ejercer un verdadero protagonismo ideológico y social y en causar las aspiraciones de sus electores. Las agrupaciones políticas deben dejar de ser solo máquinas que se activan en época electoral, deben consultar permanentemente la opinión de sus electores, pues encontrarán allí los argumentos a su pérdida de credibilidad, que ha llegado a extremos donde se destacan más las personas que se autoproclaman como de grupos independientes con el rótulo de la anti política. La democracia colombiana, como otras en el mundo, requieren de una verdadera reforma política, cuyo sistema de partidos, cuyos rasgos actuales son, la debilidad administrativa, la ausencia de mecanismo de integración política y de elección democrática de sus dirigentes; la pobreza programática y un enorme fraccionamiento interno. Es cierto que esta reforma también deberá comprender entre otros temas, la institucionalización del estatuto de la oposición, el inaplazable replanteamiento y ajuste a la legislación vigente sobre financiación de campañas electorales y el fortalecimiento del Órgano electoral, pero también es cierto que la reforma propuesta por el Ministro del Interior, de quien todo el país sabe que es politiquero y manzanillo, trae un tufillo de retaliación y venganza con el actual Consejo Nacional Electoral, que se encuentra investigando al Presidente de la República, al parecer, violación del tope en la financiación de las elecciones del año 2022, por lo que dicha propuesta de reforma política pierde credibilidad ante el país y, sobre todo, ante el Congreso.