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Opinión

Voto por la democracia

Bibiana Cabarcas
Bibiana Cabarcas
Columnista
4 de marzo de 2026

Ocho de marzo de 2026 no es una fecha más; con la elección del próximo congreso de Colombia, nos estamos jugando la forma en que estamos acostumbrados a vivir, y aunque para algunas personas estas elecciones no tienen ninguna relevancia, la realidad monda y lironda es que, si no elegimos bien, seguramente va a ser la última vez que tengamos la oportunidad de hacerlo de manera libre y espontánea. No es una exageración; si el Pacto Histórico y sus compinches logran la mayoría en el congreso, lo que nos espera es la cuesta arriba de una constituyente, el cambio de las instituciones y la instauración de un régimen comunista al más puro estilo cubano o de la Unión Soviética.

De ahí la importancia de no vender el voto por unos cuantos pesos o supuestos favores que después van a saber a amargo, porque, a diferencia de hace cuatro años, ya se sabe quiénes acompañaron al actual gobierno a llevar a cabo la debacle por la que estamos pasando. Y no acompañaron al gobierno por altruismo o por ideología, sino por prebendas fruto de la corrupción, que ya han ocasionado miles de víctimas como en la salud, la Ungrd, las reformas tributarias que han encarecido el costo de la vida, las pensiones que están en vilo, la seguridad secuestrada por los grupos al margen de la ley y la famosa "paz total"; si quieren más de lo mismo, voten por los de siempre. Seguramente se están postulando al congreso nombres nuevos que representen valores como la familia, la fe, el respeto a las leyes y las sanas tradiciones; o que han hecho oposición seria y han defendido la constitución y a la sociedad colombiana de los abusos del gobierno Petro. Debemos recordar también que el discurso debe ir acompañado de los hechos, y que la vida personal de los candidatos dice mucho de lo que serían como congresistas. No basta con parecer, también hay que ser. Una candidatura precedida de escándalos debe ser una bandera roja para aquellos que realmente quieren un presente y un futuro próspero para ellos y sus familias. El voto castigo como una sanción social y ciudadana debe estar presente este ocho de marzo. Ni un voto por corruptos, por violadores de mujeres y niñas; ni un voto por quienes prefirieron sus "ingresos" al bienestar de todos, ni por aquellos que se hacen elegir violando a la ley; ni un voto por los que solo van a calentar sillas y a pedir contratos y no se acuerdan de sus pueblos, ni un voto por los que solo aparecen para pedir  que voten por ellos y después se desaparecen; ya basta de ser tan permisivos y de ser ante el país el pueblo que siempre elige a los que están en cuanto escándalo de peculados, carruseles y carteles estallan en los medios de comunicación. Ya es hora de demostrar que las tragedias nos han madurado y hemos aprendido la lección. Por nosotros, por nuestros hijos, por nuestro país, démosle una mano a la democracia.