
Volver al futuro

El arte transforma la nostalgia. Un viaje a través del tiempo revive recuerdos: desde un concurso infantil hasta la universidad y el regreso al teatro, conectado con el presente.
Por Ensuncho De La Bárcena El arte es capaz de convertir la nostalgia en alegría. Lo comprobé el fin de semana. Viajemos a San Marcos, 1985. Yo tengo 10 años y estoy en quinto grado de primaria en la Escuela Nuestra Señora de Lourdes. Vamos a un acto cultural por el Día del Idioma y el turno es para este servidor. Desde muy pequeño me gusta participar en estos eventos, bien sea recitando un poema o actuando en una obra de Teatro. Ahora jugamos a “Concéntrese”, un famoso programa de la televisión. Debo adivinar qué significa el jeroglífico de tres imágenes: un bus (con un tachón en la S), una cara (con un tachón en la C que señala una P) y una manga de camisa. Me siento como si estuviera en el estudio, con luces, micrófonos, cámaras y el público a la expectativa. Repaso las imágenes, haciendo un esfuerzo por develar el mensaje oculto. Uno las tres en una sola palabra. El aire pesa. El silencio me acelera el pulso: Bu-cara-manga. ¡Eureka! Es 1992. Vamos a bordo de un bus, mi padre y yo. Salimos de Barranquilla, rumbo al comienzo de mi vida universitaria. Llevamos varias horas de entresueño y al amanecer algo comienza a cambiar en la carretera. Vamos subiendo la montaña. Hay curvas. Muchas curvas. Voy asustado. Me asomo por la ventanilla y pregunto a Don Rami: "¿Aún no se vislumbra la ciudad?" Ahora es 1994. Soy un alumno destacado de Ingeniería de Petróleos, en la Universidad Industrial de Santander. Mi interés por la Ciencia se ha complementado con otras de mis pasiones: el Arte y el Humanismo. En la Ciudad Bonita he tejido profundos afectos con amantes de la Astronomía, la Espiritualidad y la Astrología. Hay un paro largo, de varios meses. Las noticias dicen que el pueblo indígena U'wa anuncia suicidio colectivo si la OXY continúa perforando su territorio. No estoy de acuerdo con que se siga desangrando a la Madre Tierra. Abandono mis estudios. Vuelvo treinta años después, de la mano del Teatro. Gracias a la escritora Karim Quiroga, quien me invita a conformar equipo para montar "Monogamia", una obra suya premiada en 2021. Ahora soy actor. El productor, Sergio Rojas, me recibe en la Terminal. Vamos al Café Bernate, donde mi amigo Martín me da la bienvenida con un abrazo. En la concha acústica nos encontramos con la autora, el director Mario Mantilla y la actriz Juliana Posso. Son cuatro días y tres noches en los que me siento Marty McFly, el célebre personaje de la trilogía cinematográfica que da título a esta columna. El tiempo es una ilusión majestuosa.