
Voces del pasado

Evocando memorias de infancia, este artículo explora el poder del sentido auditivo. Descubre cómo los sonidos activan recuerdos, emociones y conectan con el entorno, impactando nuestra memoria.
Por José Arturo Ealo Gaviria Viene a mi recuerdo, cual efímera melodía y casi un lamento, una voz que en su prolongado desvanecimiento pregonaba: "… ¡boooooón!..." Así, una y otra vez, en un rosario de intervalos. Solo se escuchaba a los cuatro vientos la segunda sílaba montada en sacos a lomo de burro, vendiendo carbón por las calles pedregosas de la apreciada Julia, barrio de mi niñez y de mi juventud. De igual manera me sucede, cuando me alojaba en casa de mis abuelos maternos en San Marcos (Sucre). A lo largo de nuestras vidas, es mucha la información que recibimos a través del sentido de la audición y que es procesada por el sistema nervioso. Al despuntar el día, a lo lejos escuchaba la voz de Selva en su nota aguda y el alongado aviso de un peto que se perdía entre las inmediaciones de la ciénaga y la inmensidad: "¡Peeeeeeetooo!..." Y junto a la ventana, parecía una serenata dulce: "Peto, niña Jose", llamando por cariño a mi tía Josefina. Aunque a simple vista pueda ser extraño, en nuestra memoria sonora hay una continua sucesión de efectos con ambigüedad armónica y mezclas tímbricas. El desarrollo de este sentido está íntimamente ligado a una sensación empalagosa o indulgente. Cumple una función más allá del mero sentimiento. Tiene una función como un almacén de emociones positivas. Nos llegan recuerdos: un fogonazo de la niñez, lugares que nos hicieron felices, un suceso determinante en nuestra vida. Este sentido está ligado a la función de reconocimiento del entorno como un mecanismo de supervivencia, siendo el sentido de alerta por excelencia. El oído no sólo está activo durante toda nuestra existencia, incluso cuando dormimos, también tiene la posibilidad de captar información que se encuentra fuera de nuestro registro visual. De este modo, a lo largo de nuestras vidas, es mucha la información que recibimos a través del sentido de la audición y que es procesada por el sistema nervioso. La comprensión de estos mecanismos es el punto de partida para fortalecer procesos de la memoria desde la diversidad de aspectos que la componen. No solo está basada en hechos sino también en el vínculo afectivo que se podrán establecer y que serán determinantes, como parte del componente emotivo del mensaje, en la perdurabilidad de esta memoria que se escribe día a día. Los sonidos que recordamos son aquellos que toman un valor concreto para cada uno, y ese sentido se funda en un vínculo con el entorno, que puede ser permanente o circunstancial, pero en cualquiera de los casos será significativo para cada individuo.