
Vivir la Navidad

La Navidad no es obligación, sino una oportunidad para agradecer y disfrutar. Es un momento para homenajear, mimarse y buscar la paz interior.
Por José Armando Benítez Tuirán No existe ninguna ley que nos obligue a ser felices en Navidad. Aunque podríamos agradecer haber llegado a otro final de año rodeado de gente que disfruta de nuestra compañía, que le agrada compartir su tiempo con nosotros. Para hundirnos en malos recuerdos sobra tiempo, ahora lo que toca es vivir las fiestas navideñas agradeciendo el presente y deseando un mejor futuro. Las Navidades son esa pausa en el ajetreo diario que a veces no nos deja tiempo para homenajear un poco a quienes amamos y también para mimarnos a nosotros mismos. Es un reconocimiento al esfuerzo diario que significa vivir y que comporta aguantar, perseverar, resistir, y porque no sobrevivir, a la cotidianidad que nos arrastra con su inercia, con su monotonía. Las luces navideñas representan una oportunidad para iluminar las tinieblas de nuestro mundo o de nuestro yo interior, muchas veces cansado de soportar cargas que, justas o injustas, llevamos a cuestas y que casi siempre nos impiden gozar de la paz espiritual necesaria para tener una vida plena. Diciembre ilumina las calles como muestra de un tiempo nuevo, como recordándonos que es hora de contagiarnos de la magia de las fiestas, de vestirnos de gala para nosotros mismos y de regalar a nuestros queridos el mejor esfuerzo por hacerlos felices. Vivir la Navidad no significa ir de fiesta en fiesta, sino más bien propiciar encuentros emotivos y que nos vengan de gusto, que nos hagan sentir que vale la pena vivir. Tal vez con quiénes durante el año de alguna manera nos ha sido esquivo vernos o mucho mejor, compartir con quiénes todo el tiempo han estado a nuestro lado franqueando nuestro transitar como compañeros de una batalla cuyo objetivo es simple y llanamente: disfrutar la vida. Se acaba el año y deja en cada uno su particular huella de felicidad, pero también de tristeza. Todavía hay tiempo para pedir perdón, para reconciliarnos o para hacer un último esfuerzo en lograr aquello que nos hemos trazado como objetivo. Vienen días de fiesta que deberíamos aprovechar para descansar, para compartir y para permitirnos estar bien. No siempre diciembre es sinónimo de felicidad, pero siempre que se pueda hemos de aprovechar para dejarnos inundar de la alegría, el encanto y la emoción que desborda la Navidad.