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Opinión

Vivezas y vilezas

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
10 de febrero de 2025

El escritor colombiano William Ospina critica la idealización de los pueblos precolombinos en su novela "Ursúa". El autor contrasta la visión romántica con la realidad de la crueldad y la corrupción en Colombia.

Por José Arturo Ealo Gaviria Definitivamente fueron los españoles quienes trajeron a América la sífilis con la cruz. Su inmoralidad y su crueldad. Aunque en "Ursúa", primera novela del escritor colombiano William Ospina (2005), ganadora del Premio Nacional de Literatura (2006), primera obra de una trilogía: "El país de la canela" y "La serpiente sin ojos" aborda el tema de la invasión y conquista española en América. Incurre en las viejas opiniones de los discípulos del Rousseau sobre el buen salvaje cuando se refiere, por ejemplo, a los pueblos del Darién acostumbrados a la paz de extensas sabanas, o cuando hace más piadosos sus ritos sangrientos —de acuerdo con el lugar común— con leyendas de mártires y misioneros crucificados. Sin embargo, comer era la principal inquietud de esos pueblos desnudos. Alimentarse sigue siendo ahora el primer motivo de las tribus sobrevivientes. El escape de las necesidades del estómago. Y olvida aquella antiquísima costumbre de engordar muchachos para sacrificarlos a la luna en ciertas fechas. Guerras floridas. Las comunidades precolombinas fueron crueles y aguerridas como nosotros cuando nos da la puta gana. Y si nuestros abuelos cobrizos fueron, como dicen los defensores precolombinos, respetuosos con el medio ambiente, fue porque ignoraron el uso del hierro, las motosierras y los explosivos. La vida del nativo americano jamás fue dulce aunque a veces levantaran ciudades admirables con jardines floridos. Los aborígenes americanos fueron vencidos menos por el caballo, la jauría, el arcabuz y la armadura por la chicha. Colombia sigue enfrascada en el mismo alboroto secular de borrachos. En la misma rapiña fatídica. En el mismo frenesí de antes de la llegada de Colón. Los que están al margen de la ley. Sublevados. Burócratas venales. Artimañas y las intrigas del poder. Antes las esmeraldas fueron la verde causa de la corrupción generalizada. La fábula de Domingo Vera distribuyendo propinas de esmeraldas en tabernas españolas, según cuenta el libro "Noticias historiales" del franciscano fray Pedro Simón, evoca mucho a esos barones de la cocaína embriagados por el verde dólar. Los asociados del narcotráfico proveen un añejo e infame desorden que vivimos con desvergonzado orgullo, como una muestra del talento según la ligereza de Gabriel García Márquez y demás patriotas reflexivos. Algunos celebran las llamadas vivezas y vilezas de algunos colombianos como forma de inteligencia condenada para servir al mal. Agentes externos, o adversidades económicas promovidas por nuestros enemigos. Todo se descompone. Hay comienzo hacia un destino final. Esto preocupa.