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Opinión

Virtudes del ADN

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
22 de diciembre de 2023

El ADN, clave en disputas de filiación, revolucionó la justicia. La prueba científica, con alta fiabilidad, permite determinar la procedencia y restaurar derechos esenciales.

Por Miguel Mercado En el ámbito judicial estas tres letras –ADN- han alcanzado singular importancia en razón de la trascendencia, significación e importancia que tienen para determinar uno de los derechos fundamentales más preciados de la persona humana: saber su procedencia. Es decir, permite conocer quién es su padre, o su madre, según el caso. Se trata de una molécula del interior de las células que contiene la información genética responsable del desarrollo y el funcionamiento de un organismo y son el medio de transmisión de esa información genética de una generación a la siguiente, según narra la literatura médica. Para el Derecho la institucionalización del ADN en el universo jurídico es quizá uno de los más preciados aportes que la ciencia le ha hecho a la administración de justicia dada la verosimilitud que entraña un dictamen sustentado en el ADN, concretamente en los casos de las disputas filiatorias. Con la vigencia de la ley 721 de 2001, se ha superado el engorroso procedimiento utilizado para los eventos de investigación de paternidad pues el testimonio para lograr esos fines siempre presenta dificultades. Lo mismo que el examen o apreciación que hacían los médicos legistas acerca de las comparaciones físicas para determinar factores antropoheredobiológicos entre los protagonistas, lo cual creaba incertidumbre. En ocasión pasada relaté el caso de una menor cuya madre pretendía la filiación que el padre le negó en vida. El pleito estaba perdido porque los testigos no ofrecían credibilidad al juez. Ante la instancia superior sólo llamó la atención la versión de la partera, una anciana dedicada a esos menesteres en el entorno narró haber recibido trescientos pesos de manos del demandado quien le suplicó entonces que no le dejara morir la cría, ello dio fe y fue suficiente para dictaminar la filiación. Por estos días las crónicas periodísticas venidas de Bogotá refirieron el caso de un ilustre personaje que desconoció la paternidad a unos hijos extramatrimoniales, estos demandaron invocando la prueba de ADN; al cabo de más de dos décadas lograron el reconocimiento filiatorio por parte de la justicia. Así culminó una odisea perturbadora y se restauraron derechos esenciales. Esta es una patética demostración de las virtudes de éste método científico de gran aceptación en el ámbito jurídico y de sumo interés en los círculos académicos.