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Opinión

Vigencia del periodismo

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
16 de marzo de 2025

En el 30 aniversario de "El Meridiano", se reflexiona sobre la responsabilidad del periodismo: buscar la verdad y vigilar el poder, evitando intereses personales y sesgos.

Por Álvaro Bustos González La conmemoración de los 30 años de El Meridiano son propicios para intentar algunas reflexiones sobre un oficio que entraña una delicada responsabilidad. La llamada búsqueda de la verdad, que distingue a los profesionales de esta actividad, y su condición de contrafómeques del poder, lo que no implica intratar deliberadamente a los gobernantes y menos obsesionarse con ellos, como tantas veces ocurre, debe someterse a unos cánones éticos explícitos: el poder de la prensa existe para ilustrar a la comunidad con buena fe, nunca para favorecer los intereses personales de los diaristas y mucho menos para, a través de “investigaciones” o de opiniones sesgadas, mancillar una labor que es trascendental para la preservación de la libertad y la democracia. Estamos viendo otra vez, a raíz del triunfo de Trump en Estados Unidos, cómo un hombre sin principios y con desaforados intereses plutocráticos puede desvirtuar y confundir la función prístina del periodismo con el uso obsesivo y embustero de las redes sociales, hasta el punto de que uno de los grandes diarios de ese país, The Washington Post, se alineó impúdicamente durante la campaña con el candidato republicano, ya no en busca de la quimérica verdad, si así queremos ver el propósito de hallar los límites difusos de la cambiante realidad, sino con el objeto de favorecer sus legítimos negocios derivados de la información, independientemente de su veracidad. Que el poder necesita ser vigilado es un axioma: él es una enfermedad. No hay, sino que ver las corruptelas que brotaron de las entrañas del actual gobierno. ¿Qué hubiera pasado si los medios privados de comunicación no hubieran puesto sus ojos y narices sobre los entramados pestilentes que, en la matriz misma del poder, se incubaron en un tiempo récord en el gobierno del “cambio”? Es lamentable el grado de corrupción a que se ha llegado en el país, no solo por la codicia mafiosa desatada sino por las obsesiones ideológicas que se asumen infalibles y moralmente superiores. Allá hemos llegado, a no mirarnos el ombligo. Como colaborador habitual de este diario desde el día de su fundación, y por los afectos que me han unido desde siempre con las familias Salleg Sofán y Salleg Taboada, no puedo sino expresarles públicamente mi solidaridad y alegría por esta nueva efeméride. A sus redactores y cronistas, un abrazo de colegas. A todos, felicidades. Y que prosigan los buenos vientos.