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Opinión

Víctimas del conflicto

Fernando Negrete Montes
Fernando Negrete Montes
Columnista
16 de mayo de 2024

En Colombia, el 9 de abril se conmemora el Día de las Víctimas del conflicto armado. Entre 1985 y 2018, hubo 8.7 millones de víctimas, marcando una trágica historia.

Por Fernando Negrete Montes El 9 de abril fue escogido como el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del conflicto armado en Colombia que de acuerdo con la Comisión de la Verdad tuvo un total de 8.775.884 víctimas entre los años 1985 y 2018, con la década de mayor incidencia entre 1995 y 2004 y centrada en los departamentos de Antioquia, Valle, Norte de Santander, Meta, Nariño, Cauca, Bogotá y Cesar, Bolívar, Magdalena, Córdoba y Sucre en la Costa. Las cifras dicen que 450.664 personas perdieron la vida cuyos principales responsables fueron los grupos paramilitares con 245.028 personas, los grupos guerrilleros con 122.813 personas y agentes estatales con 56.094 personas que, sumadas a las 121.768 víctimas de desaparición forzada, a los 50.770 secuestrados, a los 16.238 reclutamientos de menores de edad y los 752.964 desplazamientos forzados, representan la triste realidad de nuestra historia. Hacer la paz hoy debe considerar que la lucha de clases y los odios viscerales son un tema desueto porque las relaciones sociales son a otro nivel, en los que imperan variables como la cooperación y la confianza, producto de procesos educativos de alta calidad y humanos en el que los miembros de una comunidad tienen algo que contar porque han vivido su propia historia y reclaman apoyo transparente y efectivo de las administraciones públicas y organizaciones no gubernamentales arraigadas en la región. Recomendable que estas últimas limiten su intervención a apoyar a las comunidades en los trámites legales ante las autoridades relacionados con el reclamo de sus derechos, la capacitación en el desarrollo de sus iniciativas e influir para que superen un pasado lleno de vicisitudes, generando confianza y credibilidad en el éxito de sus proyectos, porque al fin de cuentas, son muchos los traumas que estas personas heredaron del conflicto que aún permanece. Si la paz no se monta en la perspectiva de superar el conflicto y llenando de optimismo a sus protagonistas para que en sus actuaciones se aclimate una nueva paz sentida con el corazón, creíble y practicable, porque supuestamente el mundo es un hervidero en donde no hay más salidas sino, las guerras, puede darse por descontado que esos procesos de paz están condenados al fracaso, porque no se cree en ellos. El día de la memoria y solidaridad con las víctimas, sin ignorar la tragedia vivida, no es para que los preclaros de la violencia desaten sus versiones apocalípticas del mundo y mejor miren la cara de la gente y vean que cada persona lo que requiere es una mano amiga, una sonrisa de apoyo y una frase de optimismo para que esa energía que empieza a latir se desparrame por todo el ser y termine en la tranquilidad y alegría de que las cosas se superan y cambian.