
Vestidos y alborotados

El "Gobierno Escucha" prometió diálogo social, pero la realidad desmiente la retórica. El presidente cancela visitas sin explicaciones, generando indignación y cuestionando su credibilidad.
Por Manuel de Jesús Rodríguez A comienzos de año a los funcionarios de la Presidencia de la República se les llenaba la boca hablando de "Gobierno Escucha", la nueva estrategia que les permitiría promover el diálogo social y la participación ciudadana en todos los territorios del país. La iniciativa surgió como complemento al ejercicio de los Diálogos Regionales Vinculantes que fue el insumo principal para la construcción del Plan Nacional de Desarrollo. El propósito, dijeron, es atender a las comunidades y conocer sus problemáticas; y cuando la lanzaron manifestaron que el presidente de la República, junto a su equipo de gobierno, atendería directamente a la comunidad para escucharla. La realidad es otra. El turno le tocó a Bucaramanga y a Santander el viernes, y como ya es habitual el presidente no llegó. Canceló su visita a última hora sin ofrecer alguna explicación al respecto. Literalmente nos dejó a todos vestidos y alborotados. La indignación, por supuesto, no se hizo esperar. El alcalde de Bucaramanga fue de los primeros en alzar la voz, con justa razón, para decir que ya es hora de pasar de la retórica a los hechos. Su oportuno reclamo recogió el malestar de los santandereanos. Y en eso hay que ser enfáticos; porque ni el más acérrimo defensor del presidente, que por estos lados los hay, y en abundancia, fue capaz de poner la cara y justificar el desplante. Lo cierto es que la descortesía presidencial se está volviendo costumbre; y hoy la noticia no es que el presidente vaya a un determinado lugar, si no que llegue. A ese nivel están las cosas. El jueves la instalación del periodo de sesiones del Congreso de la República se retrasó por su culpa. Anunció que iría a San Andrés para escuchar el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el diferendo limítrofe con Nicaragua junto a los raizales y los dejó metidos. En varias ocasiones ha dejado esperando a los presidentes de las Altas Cortes y se dio el lujo, incluso, de dejar plantado al mismísimo presidente de los Estados Unidos. La lista se está volviendo interminable. Canceló su visita a última hora sin ofrecer alguna explicación al respecto. Y aunque hay quienes echan en cara lo que cuesta la organización y la logística de los eventos; lo que realmente está en juego, aunque a él parece no importarle, es la credibilidad y la imagen del presidente y la confianza en el gobierno. No hay que llamarse a engaños.