
Vergüenza

La final Argentina-Colombia, aunque emocionante, reveló una preocupante falta de civismo en los aficionados colombianos. Un análisis sobre la imagen del país y la cultura en la sociedad.
Por Remberto Burgos de la Espriella Que difícil jugar con las emociones y dejar que estas hagan su propia sinfonía. Soy poco aficionado al fútbol y rara vez veo un partido. Sin embargo, la famosa final de Argentina-Colombia me tenía emocionado. Para Colombia la gran oportunidad de ser campeón. Se lo merecía y ojalá lo lograra. Estaban las emociones en el tapete y sobre la positiva avanzaban las horas ese día: ojalá fuera un feliz término para el país. Sin ser experto llamó la atención la prórroga del partido: dificultades con los aficionados el juego solo empezaría a las 20:15. No me distrajo y pensé que seguramente muchos colombianos, a pesar de las entradas bastante caras, no habían podido ingresar. Son tantos los ejemplos: la agresividad en el tráfico, las piruetas en las motocicletas y qué tal vandalizar las estaciones del transporte. No nos importa el vecino y conjugamos solo el yo en esta movilización de la población. Se perdió la cooperación del buen desarrollo: no se respetan las colas y entre más elegante más fácil se las vuela. La normal educación de ceder el turno no existe: queremos que se nos atienda y punto. Los otros esperan. En la era de la publicidad y de las redes sociales la imagen de un país es determinante en su desarrollo. Durante varias décadas hemos cargado la sombra y el peso del narcotráfico, la mayor producción de cocaína y su alto nivel de exportación, el lujo de la marihuana producida y sus efectos. Imagen negativa: constante y viviente. Ahora, cuando cambiamos el resultado final de una copa en USA ¿cómo vamos a desvirtuarla? No podemos aplicar los conceptos de categorización y comparación social cuando la identidad está muy definida. La cultura colombiana quedó expuesta con los colados. Se voló y atropelló la cerca, se violentó los ductos del aire acondicionado y se ingresó a través de ellos. Vericueto disponible era aprovechado por estos colombianos. El resultado del partido lo olvidé. La vergüenza que pasamos por estos irresponsables colombianos fue lo que quedó y vendió el país al mundo. Falta de respeto y ausencia de colaboración. Ignorancia de las elementales reglas de educación que hacen que una colectividad respire. Saltarse las normas que hemos construido para vivir en sociedad. Pasarse por la faja los límites de la prudencia y el decoro, alejándonos más de lo que significa vivir en comunidad. Las emociones determinan cómo actuamos. Qué lejos estamos.