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Opinión

Venezuela: explosión externa e implosión interna

Iliana Garzón Saladén
Iliana Garzón Saladén
Columnista
6 de enero de 2026

Superada la euforia inicial por la captura de Maduro, comienza una etapa de análisis más serena con una mirada más reflexiva, considerando que independientemente de si se está, de acuerdo o no con la intervención militar que culminó con la captura de Maduro, con seguridad la mayoría estamos a favor del bienestar del pueblo venezolano, por lo que es imprescindible la rendición de cuentas de Nicolás Maduro ante la justicia, entendiendo que lo relevante no es el país que ejerce la jurisdicción, sino que éste, responda por sus actos, que conllevaron a consecuencias nefastas como la migración forzada (léase: destierro), de más de 7 millones de venezolanos por múltiples factores estructurales que deterioraron su calidad de vida y su seguridad dentro de su tierra natal.

Empiezan a correr por redes las narrativas conspirativas respecto a lo que giró en torno a la captura de Maduro, circulan dudas sobre la rapidez de la operación militar, sugiriendo que pudo haber sido un acuerdo secreto negociado o facilitado internamente y no un operativo militar real. Algunos han optado por narrativas geopolíticas, combinando la noticia con teorías sobre intereses políticos o económicos de EE. UU., como el control del petróleo venezolano o la instalación de un gobierno aliado. Tengan razón o no, ninguna de estas teorías se basan en evidencia verificable. Lo que si es evidencia verificable, es que la explosión (literalmente hablando), proveniente de una fuerza externa (Estados Unidos), a los más importantes complejos militares y su consecuencia, la captura de Maduro, traerá como resultado, un colapso estructural o implosión del aparato estatal y el recrudecimiento de una profunda polarización social y política en el pueblo venezolano. La implosión de la estructura gubernamental comenzará con un efecto intangible pero real: el resquebrajamiento de la confianza entre los mismos funcionarios y superiores gubernamentales que experimentan confusión y lealtades divididas y que se materializa en las fuertes dudas de quién sigue fiel al presidente o al régimen y quién no. Con figuras como Delcy Rodríguez, independientemente de si es una traidora o no del régimen, pareciera que Estados Unidos pretende evitar un vacío de poder, una pérdida de legitimidad y control, una ruptura de la cadena de mando, la inevitable implosión del aparato estatal. No se puede desconocer el efecto que la presión externa con la consecuente captura de Maduro tendrá en la sociedad venezolana. La intervención y captura de Maduro no solo afecta al aparato estatal, sino que, desafortunadamente implosionará la sociedad venezolana que se sumerge en un clima de miedo, incertidumbre y división que ya empezó a paralizar la vida cotidiana y que podría, eventualmente, aumentar la migración. Es innegable que la población percibe la inestabilidad, lo que sumado a los efectos psicológicos y emocionales puede derivar en una guerra civil sobre un terreno fértil para enfrentamientos armados internos. No podemos olvidarnos de Colombia: ¿cómo incidirá todo lo anterior en el proceso electoral que se avecina? Es claro que el asunto de Venezuela intensifica la polarización política en nuestro país, por lo que los extremos serán, los únicos protagonistas de esta contienda, entonces, una vez más, desaparece el centro del espectro electoral, con un agravante para la extrema izquierda: el evidente y palpable fracaso del socialismo vecino, un modelo fallido que fue aplaudido por el gobierno de Petro. Ante el temor de una amenaza palpable, de seguro emergerá un voto emocional, que por lo demás, siempre ha existido en Colombia, en cabeza de un importante porcentaje que se visualiza en las encuestas como voto en blanco, este voto emocional, se inclinará por proteger al país de posibles regímenes desastrosos y perdedores como el de al lado y en las próximas elecciones, levantará su voz con un fuerte y vibrante: Firmes por la Patria!