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Opinión

Veneno digital

Arianna Córdoba Díaz
Arianna Córdoba Díaz
Columnista
11 de octubre de 2024

Las redes sociales, tribuna de odio y resentimiento. El anonimato y la libertad de expresión han exacerbado los insultos y descalificaciones, afectando reputaciones y creando conflictos. Urge regular y educar en un uso responsable.

Por Arianna Córdoba Díaz "Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro" ojalá este viejo pero certero refrán llevara a reflexionar antes de actuar a las no pocas personas que, a través de las redes sociales, por ejemplo, se dedican a despotricar del prójimo y del que no lo es con frecuencia y ante la menor desavenencia. Y es que, queriendo cobijarse con el principio de la libertad de expresión, hay quienes asumen que pueden "llevarse por delante" a todo el que les parezca y así dañan reputaciones, indisponen familias, crean conflictos, posan de víctimas, derrumban instituciones y en fin, hacen tanto daño como el mismísimo huracán Milton que por estos días rondaba por el sur de los Estados Unidos. Si bien desde los albores de las redes sociales se empezó a advertir sobre los peligros de la mala utilización de estas y se ha avanzado en este sentido buscando estrategias para hacerlas más seguras o legislando de alguna manera para evitar o mitigar sus impactos negativos, persisten aún usuarios que destilan odio, resentimiento y amarguras añejas a través de sus comentarios indecorosos, embustes plenos o mostrando realidades sesgadas, que finalmente dan cuenta de la clase de persona que es quien hace esas publicaciones: alguien nada recomendable ni como amigo, ni como vecino, ni como nada. Lo más preocupante es que el emplear las redes sociales como tribuna de insultos y descalificaciones no es precisamente uso exclusivo de los adolescentes ¡qué va! Los mayorcitos también se han dejado enredar con este torbellino de maldad mediada por la tecnología. Y no se trata únicamente de hacer comentarios en publicaciones de los medios de comunicación donde están los foros abiertos para expresar opiniones sobre las noticias y donde se arman trifulcas digitales entre unos y otros, pues abundan los "post" de personas que uno creía como muy serias y responsables en los que hasta con pésima ortografía señalan, acusan y ofenden. Ante este desagradable panorama nos atrevemos a sugerir que además de una musculosa legislación que permita regular de manera efectiva las redes sociales, como por ejemplo, el proyecto de ley radicado esta semana que busca que los difamadores tengan una sanción económica, aún cuando se retracten en las conductas de injuria y calumnia (muy seguramente cuando les toquen el bolsillo sí que los odiadores de profesión se la pensarán dos veces antes de atacar) también urge la formación para las redes sociales, pero no para aprender a utilizarlas, sino para aprender a comportarse a través de estas. Aunque bueno, habrá casos perdidos, porque de la abundancia del corazón habla la boca … y ahora también las redes.