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Opinión

Universidad y Academia

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
23 de febrero de 2025

La Universidad del Sinú honra a cuatro nuevos miembros de la Academia Nacional de Medicina, incluyendo investigadores y un ortopedista, destacando su excelencia y compromiso con la ciencia.

Por Álvaro Bustos González* En los últimos diez meses, contando a los que hoy ingresan, y atendiendo el justo propósito de reconocer y exaltar nuevos valores, vinculamos en este auditorio de la Universidad del Sinú a ocho profesionales como nuevos miembros de la Academia Nacional de Medicina. En abril del año pasado, durante la celebración del cincuentenario de la universidad, lo hicimos con cuatro egresados de la Especialización en Pediatría, cuya formación adicional y producción intelectual en áreas como la infectología, la epidemiología y la bioética, los hicieron merecedores de esta distinción. Hoy, en reconocimiento al mérito de tres investigadoras del programa de medicina de nuestra universidad, quienes colaboraron en la escritura del último fascículo de la revista Medicina, órgano de divulgación de la ANM, que edité por encargo de su junta directiva, estamos nuevamente reunidos para hacerle un homenaje a la virtud encarnada en el conocimiento y el trabajo honesto, discreto y eficaz, sin vanas presunciones, que ellas exhiben con sencillez. A su lado está el doctor Juan David Lacouture Suárez, un joven ortopedista experto en cirugía de hombro y codo, quien acaba de recibir el premio a la excelencia médica en la Fundación Santa Fe de Bogotá. Nuestras postulantes de ahora no son médicos. Catalina Tovar es bacterióloga, magíster en infecciones y salud tropical, y doctora en medicina tropical; Lyda Espitia es bióloga, magíster y doctora en biología celular y molecular, y Sara Soto de León es bióloga, doctora en ciencias biomédicas. De modo que estamos refrendando un hecho capital: la simbiosis entre la Universidad del Sinú y la Academia Nacional de Medicina. La profesión médica, que es un humanismo, requiere del concurso de las ciencias básicas para entender mejor los procesos críticos de sus aciertos y desatinos: ella también depende, en términos científicos, del ensayo y el error. No somos infalibles. Nunca lo seremos. Estudiamos para servirles a nuestros semejantes con base en la experiencia objetiva y verificable, en la comprensión de la frágil naturaleza humana y en dos atributos que deben acompañarnos siempre como una sombra: la solidaridad y la compasión. Solo humanizándonos, dudando razonablemente de nuestras efímeras certezas, podremos hacerle honor a esta decorosa condición de académicos. Bienvenidos, pues, Juan David, Catalina, Lyda y Sara, que Esculapio, el dios de la medicina, los espera con su vara y su enigmática serpiente. Muchas gracias. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.