
Unidos o pérdidos: la elección que definirá Colombia

Sin unidad, el centro-derecha entrega el país; con unidad, la victoria es aritmética.
Colombia se acerca a una de las decisiones más determinantes de su historia democrática. Las más recientes mediciones de Invamer revelan un panorama tan claro como inquietante: Iván Cepeda encabeza la intención de voto mientras Abelardo de la Espriella —líder natural del centro-derecha— alcanza un sólido 18,2% y Sergio Fajardo 8,5% y con el resto unido de los demás alcanzaría la victoria el candidato Abelardo. Son cifras que, más allá de la fotografía del momento, contienen una verdad estratégica: la unidad no es un deseo, es una obligación matemática. Cuando Invamer simula escenarios con consolidación de fuerzas, la proyección es reveladora. En un escenario ampliado, Abelardo podría ascender. con todos, demostrando que existe un caudal disponible, disperso y expectante, que solo requiere un acto de grandeza política: poner el país por encima del ego individual. La fragmentación beneficia únicamente al extremismo; la unidad, en cambio, convierte una candidatura fuerte en una opción inevitable de segunda vuelta. El gran obstáculo no es ideológico. No es programático. Es personal. La historia demuestra que cuando los liderazgos se aferran a vanidades, la república paga las consecuencias. Y aquí vale recordar a los estadistas que entendieron la urgencia del desprendimiento: Abraham Lincoln advirtió que “una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse”. John F. Kennedy pidió a su pueblo “no pensar en lo que la nación puede hacer por uno, sino en lo que uno puede hacer por la nación”. Nelson Mandela, símbolo absoluto del sacrificio por el bien común, dijo: “Si predico unidad, debo actuar como un unificador”. Ese mensaje es hoy un llamado directo al centro-derecha colombiano. Con los resultados de Invamer, el terreno parece desigual; pero en segunda vuelta, con las fuerzas cohesionadas, el país podría evitar que el radicalismo capture la institucionalidad. Divididos, no hay opción. Unidos, la victoria es un hecho. Abelardo de la Espriella ya demostró capacidad de crecimiento, narrativa, estructura y conexión emocional. Lo que falta no es líder: falta grandeza colectiva. La elección de 2026 no es una competencia de egos, es una batalla por la continuidad democrática y Abelardo de la Espriella demuestra firme liderazgo para dirigir la patria. El dilema es simple: O elegimos la unión ahora, o aceptamos el caos después.