
Una vergüenza

En las últimas horas, el país fue testigo de un incidente que pone en tela de juicio los cimientos del Estado de derecho en Colombia. El ministro del Interior, Armando Benedetti, maltrató de manera pública a la magistrada de la Corte Suprema, Cristina Lombana, quien lo investiga por su presunta implicación en actos de corrupción. Este lamentable episodio no solo refleja una falta de respeto hacia una funcionaria del poder judicial, sino que también pone de manifiesto la preocupante erosión de la separación de poderes que debería caracterizar a una democracia sólida.
La actuación del Ministro es doblemente reprochable. En primer lugar, el lenguaje despectivo y las actitudes de menosprecio son inaceptables en el ámbito político y, aún más, en un servidor público que debería ser ejemplo de conducta. En segundo lugar, sus palabras resonaron como un eco de autojustificación, donde intenta desacreditar a la magistrada en vez de enfrentar las acusaciones con seriedad y transparencia. Este comportamiento es un claro indicativo de que, bajo este gobierno, la justicia es vista como un obstáculo y no como un pilar fundamental de la sociedad. Lo más grave de todo es que desde el Gobierno se respaldó la agresión del ministro Benedetti.