
Una reforma moral

Tras 32 años de una nueva Constitución, Colombia enfrenta desafíos como violencia y corrupción. La reforma legal no bastó; se necesita un cambio profundo en las costumbres.
Por Rafael hernández Mestra Actualmente se ha propuesto una serie de reformas y consultas para sanear la crisis del país. En Colombia desde hace ya mucho tiempo estamos tratando de cambiar la sociedad para hacerla mejor. Hace 32 años iniciamos un cambio constitucional. Durante 5 meses, 73 delegatarios en representación de todos los partidos y movimientos sometieron a la más completa modificación lo que había sido el producto de más de 100 años de evolución institucional del país. Durante esos 5 meses disolvieron los artículos de la Constitución de 1886 en el ácido de la crítica; la colocaron bajo la presión de una opinión pública angustiada e insatisfecha y como consecuencia de todo ello, hicieron que la antigua Constitución estallara en 1000 pedazos y le diera origen a otra más completa, más moderna y, según se nos dijo, superior. La promulgación de la Carta fue considerada como el nacimiento de la nueva Colombia. Todo parecía indicar que con las nuevas instituciones la República sería distinta y no faltaron quiénes la calificaron como un verdadero tratado de paz, pensaron que gracias a ella la gente sería menos violenta y más solidaria. Sin embargo, pasadas 3 décadas de promulgada la carta, vemos con preocupación cómo sobre sus complejas estructuras comienzan a coagularse otra vez la violencia guerrillera, el narcotráfico, la inseguridad, la impunidad, la corrupción y la ineficacia administrativa, la mentira, la falta de solidaridad y hasta una manera de hacer política que no difiere en nada de la que tanto nos escandalizaba. Un famoso escritor, Balzac, decía: "Cambiad vuestras costumbres y veréis cómo, de inmediato cambian nuestras leyes". En Colombia se ha hecho al revés. Se han dedicado a cambiar las leyes, convencidos de que así se modificarían nuestras costumbres, y el resultado la decepción. No somos, desgraciadamente, mejores, aunque tengamos una nueva constitución. Por lo tanto, algo más que los artículos de la carta es lo que debemos cambiar. El país necesita una sustancial reforma en sus costumbres; un gran ajuste en los hábitos; una vigorosa codificación de los valores; la modificación a fondo del comportamiento y la institucionalización permanente de la recta conducta y de la buena voluntad.