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Opinión

Una receta mortal

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
3 de diciembre de 2025

Como médico, aprendí que un diagnóstico errado conduce inevitablemente a exámenes equivocados y a tratamientos fallidos. Al leer el informe técnico del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) del 1 de diciembre de 2025 (https://www.carf.gov.co/documentos-tecnicos/informes-ydocumentostecnicos?p_p_id=com_liferay_document_library_web_portlet_DLPortlet_INSTANCE_ayuv&p_p_lifecycle=0&p_p_state=normal&p_p_mode=view), Análisis de las presiones fiscales del sector salud de Colombia (sin reforma) y del proyecto de reforma 410 de 2025, es evidente que el Ministerio de Salud está cometiendo una negligencia masiva. Para ponerlo en un ejemplo claro: le están ordenando una cirugía a corazón abierto (la reforma) a un paciente que ya se está desangrando, sin tener suficientes unidades de reserva en el banco de sangre.

El Gobierno nos vende la ilusión de un sistema preventivo y equitativo. Nos prometen la formalización laboral en los hospitales de mediana y alta complejidad. Como profesional que ha sufrido el trabajar por meses sin pago, esto suena a música celestial, pero el CARF nos devuelve a la fría realidad clínica: las cuentas NO dan. El Gobierno subestima los costos de esta formalización y de la operación del sistema en cerca de 0,7 puntos del PIB frente al cálculo del comité técnico. ¿Qué significa esa diferencia porcentual al interior de las instituciones prestadoras? Significa que cuando la ADRES asuma el rol de pagador único, concentrando un riesgo que hoy se distribuye entre las EPS, el dinero se acabará antes de llegar a diciembre. Significa que habrá que decirles a los pacientes oncológicos que para navidad no va a haber insumos para su quimioterapia porque el "Aporte de la Nación", que debería cubrir el hueco fiscal, se calculó con un optimismo irresponsable. Minsalud celebra los "impuestos saludables" como la gran solución de financiamiento. Sin embargo, el CARF desmiente este efecto placebo: estos impuestos no suman recursos netos reales, pues el Gobierno simplemente reduce su aporte presupuestal en la misma proporción. Es como cambiarle de brazo la venoclisis y la solución salina al paciente, creyendo que eso va a aumentar su volumen sanguíneo. Incluso sin la reforma, el sistema ya tiene un déficit estructural que crecerá al 3,7% del PIB para 2036. Pero con la reforma, el desbalance se agrava, exigiendo un esfuerzo fiscal que el Estado no parece ser capaz de sostener. La reforma 410-2025 ignora los signos vitales de la economía de la salud. Centralizar funciones y crear burocracia con las nuevas Gestoras de Vida sin flujo de caja garantizado no es una transformación social, es mala praxis y adrede. Si se aprueba esto, no morirá el sistema en un papel, morirán los pacientes en los pasillos de los hospitales desfinanciados y clínicas quebradas. Como médico, veo un sistema fracturado, pacientes sin medicamentos, cirugías aplazadas, oncología saturada, redes fragmentadas. La reforma, tal como está planteada, no resuelve esas realidades. Las amplifica. Colombia necesita una reforma seria, basada en evidencia, con costos reales y riesgos cuantificados. No una apuesta improvisada que sacrifica sostenibilidad por narrativa. En salud, cuando la realidad se menosprecia, las consecuencias no son conceptuales, son vidas.