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Opinión

Una profesión crucificada

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
26 de julio de 2026

Suele decirse que el camino del infierno está plagado de buenas intenciones, y eso viene ocurriendo con la medicina, que está sujeta hoy, por disposiciones de auditoría, a que los niños no puedan estar más de seis horas en el servicio de urgencias, mientras se aclaran sus diagnósticos, como si las enfermedades compartieran un patrón de comportamiento similar y los organismos enfermos reaccionaran de la misma manera a la agresión patológica.

Adicionalmente, en la historia clínica deben aparecer los diagnósticos de ingreso y de salida como si estos tuvieran que ser necesariamente complementarios, lo que no es así, olvidando que ese tipo de normas pueden llegar a producir una indeseable distorsión de los datos epidemiológicos en una región determinada, ya que algunos padecimientos no son validados explícitamente por la Clasificación Internacional de Enfermedades. Hace pocos días le pregunté a un joven cirujano por qué se estaban pidiendo tantas tomografías para el estudio de los dolores abdominales, y su respuesta fue tajante: "por las demandas, doctor".  Ahí hay otro factor que desfigura el acto médico, porque induce a abusar de una prueba diagnóstica que, de otra parte, no es inocua, dado que utiliza radiación ionizante en grandes cantidades, hasta el punto de que una TAC equivale a unas 300 radiografías de tórax. También se pretende que en las historias clínicas se escriba más de la cuenta, incluyendo aspectos irrelevantes o que no tienen nada que ver con la evolución de la enfermedad y el estado del paciente, olvidando (esto se lo atribuyen a Shakespeare y a Borges indistintamente) que la brevedad es el alma del talento. Pero lo más preocupante es la proliferación de guías y protocolos que son acogidos a ciegas, como dogmas, y que se ponen en práctica algorítmicamente, sin individualizar al enfermo y muchas veces sin un diagnóstico de certeza, solo "por si acaso", como si la incertidumbre se pudiera resolver con el azar.   Y todo esto en medio de los olores penetrantes y fieros que emanan de los intestinos de unos gatos que andan en manada, defendidos por entidades animalistas, por los pasadizos de nuestro hospital, produciendo una sensación asqueante que no ha habido forma de subsanar, porque en la época de One Health (una sola salud) los humanos y los animales estamos obligados a convivir sin mutuas repugnancias. Sin duda, estamos crucificados. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.