
Una mirada médica

Un ortopedista y una psiquiatra publican un libro que explora la relación entre medicina y escritura. La obra, un lujo editorial, analiza por qué los médicos escriben y su conexión con el dolor humano.
Por Álvaro Bustos González* Que Pablo Rosselli-Cock y Camila Rodríguez de los Ríos hubieran educado a sus hijos de manera exquisita, en varios idiomas, y les hubieran dado la oportunidad de estudiar en Suiza, ya era una razón suficiente para quererlos y sentir por ellos una admiración perdurable. Pero que un ortopedista infantil y una psiquiatra se hayan propuesto escribir una obra hermosa por sus contenidos y litografías, dedicada a los médicos escritores y a los escritores médicos desde la antigüedad hasta nuestros días, es digno de un panegírico. Yo conocí la obra de la que hablo en su estado embrionario. Hoy, publicada por la Universidad del Rosario, es un lujo editorial que debería ser lectura obligada en todas las facultades de medicina del país. ¿Por qué escriben los médicos? Toquen en las tumbas de Galeno, Avicena, Maimónides, Paracelso, Rabelais, John Keats, David Livingstone, Sigmund Freud, Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja y Somerset Maugham, por ejemplo, y esperen una respuesta persuasiva desde el más allá. ¿Será que esa lucha contra el sufrimiento ajeno desata la necesidad de expresar cosas inescrutables o perturbadoras? ¿Bastará la vocación por el arte, como en el caso de Freud, que llegó a vislumbrar a través de la literatura algunas reconditeces del alma humana para poder imaginar la enfermedad de un tratamiento? ¿Era suficiente con que Chéjov tuviera necesidades materiales y fuera hijo de un padre bronco para pasar a la historia como un cuentista magistral? ¿Si la medicina, por sí misma, no enseña a pensar ni a sentir, cómo hacen algunos médicos para producir textos memorables que se afincan en la condición humana? Todo esto se encuentra, sin una respuesta única, por supuesto, en el libro de Pablo y Camila. Pero hay que leerlo para descubrir los misterios que impulsan la escritura de los médicos, cuyo contacto con el dolor es una fuente persistente de reflexiones estéticas. Valga recordar la estela que dejó el psiquiatra Viktor Frankl, surgida de su vivencia en un campo de concentración, cuando se percató de cómo algunos prisioneros se derrumbaban ante las vicisitudes, mientras otros maduraban interiormente, para llegar a concluir que no es el sufrimiento el que moldea al hombre, sino que es el ser humano el que le da sentido al sufrimiento. "La literatura tiene su origen en el sufrimiento", afirmó años después el médico y escritor Manuel Zapata Olivella, y eso parece ser cierto. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.